Tras haber concluido la ceremonia de unión, dimos comienzo al festejo, la aldea completa estaba adornada con flores de suaves colores y listones entrelazados en las ramas y los troncos de los arboles, pequeñas mesitas estaban acomodadas en forma de circulo, cubiertas con finos manteles en color blanco y sobre ellas, docenas de platos con exquisitos manjares para compartir con nuestros amigos. Todo era simplemente perfecto, la comida, la música, las risas… y a mi lado, el hombre más maravilloso de este mundo. Yuvén era mucho más de lo que jamás creí encontrar o merecer, con mi hermana solíamos platicar sobre nuestro “hombre ideal”, y por lo general, Lara solía decirme que era demasiado fantasiosa, sobre todo, tomando en cuenta que nosotras no poseíamos el derecho de decidir quien seria nue

