Mi rutina diaria continuó como siempre, la misma actividad, la misma monotonía. Me movía casi en automático, casi como si mi cuerpo pudiese actuar solo, mi mente estaba allá, a lo lejos, pensando e intentando desenredar todas mis ideas, mis miedos y mis sospechas. Me he aferrado con tanta fuerza a la ilusión de que todo lo que he vivido no sea solo una nefasta mentira, que prefiero no pensar en lo que escuché, intento desesperadamente de callar las voces de mi cabeza que intentan abrirme los ojos, me he saturado de trabajo, he duplicado el numero de casas que limpio, hago mandados toda la tarde, cualquier trabajo que se presente lo tomo sin importar el tiempo o lo cansada que esté, de esa manera mantengo a mi mente ocupada y evito pensar en cualquier cosa. De igual manera, no he querido e

