Al salir Otis de la habitación del señor Basíl, me indicó que se quedarían unos días, para velar por su padre, como la casita era pequeña y solo contaba con tres habitaciones, tuve que ceder la mía para que ellos se instalaran, y a pesar de que hubiese preferido que fuera el extranjero quien cediera su recamara, en las condiciones en las que estaba, no lo podía mover, así que no me quedo mas remedio que sacar todas mis cosas y amontonarme en el taller junto con las herramientas de carpintería y alfarería del señor Basíl. Como ya me había desacostumbrado, dormir en el suelo resultó bastante incomodo, casi no pude descansar, pero no tenía más opción que aguantarme y seguir trabajando, en verdad, no veía la hora de que el extranjero sanara, así se podría marchar o mudarse el al taller. Me l

