De camino a casa, pasamos por el doctor para que evaluara inmediatamente al joven herido. Se veía en muy malas condiciones, tenia los labios partidos y resecos, lo que indicaba que llevaba muchos días perdido en el desierto y estaba severamente deshidratado. Al llegar, lo recostamos sobre una cama, entonces el medico ordeno que le quitáramos la armadura, debía ver de dónde provenían todas las machas de sangre que teñían su ropa de rojo. A pesar de que yo me sentía un tanto incomoda con todo esto, retiramos no solo la armadura, también la mayor parte de su ropa, ya que sus múltiples heridas no solo se localizaban en el pecho, espalda y brazos, también en sus piernas. Tenia quemaduras en su pecho y brazo, cortes profundos y largos en su abdomen, costillas, espalda y piernas, por la palidez

