La mañana llegó cargada de nuevas esperanzas, pero con los mismos temores. Sabíamos muy bien que tanto los capataces de la mina, como los soldados de Hashim nos estaban siguiendo, sin embargo, al parecer, aun no sabían la identidad de uno de sus esclavos fugitivos. De esa manera, si lográbamos salir de esta área, era probable que ya no nos siguieran el paso. Solo debíamos averiguar donde estábamos exactamente para así encontrar el camino de regreso a casa. Seguimos avanzando, tan rápido y silencioso como podíamos, las heridas aun no me dejaban caminar, pero el dolor había reducido notablemente. En más de una ocasión le pedí a Yuvén que me bajara, pero el insistía en cargarme durante todo el camino. Seguimos avanzando durante varios días, siguiendo la misma estrategia, por la noche subíam

