La noche transcurría mientras ellos decidían la manera en la que entregarían “la mercancía”, hablando de mí, como si solo fuera un objeto. El destino de mi hija ya había sido decidido, a ella se la llevaría el líder del grupo de recuperadores para criarla y luego venderla, como si se tratara de un pequeño cordero engordándose para enviarlo al matadero. Sentía asco y furia solo de oírlos hablar, mientras la impotencia me desgarraba el alma. Por mi mente pasaban mil maneras de intentar escapar, cada una sin la más mínima posibilidad de éxito. Ver durmiendo tranquilamente a mi hija me daba un poco de paz, me habían permitido alimentarla y arrullarla. Al menos ella estaría a salvo, por lo menos durante un tiempo, había posibilidad de rescatarla, si me vendían al patrón de la hacienda, encont

