La mañana continuó avanzando, y la carreta no parecía parar, necesitaba alimentar a mi hija, se veía asoñolada y débil, por lo general hacia ruidos o a veces un poco de llanto para anunciar que tenia hambre, pero parecía tener miedo de llorar, no lo hizo, ni una sola vez, ni durante la noche ni durante la mañana, varias veces abrió sus pequeños ojos y me veía fijamente, yo intentaba consolarla y decirle que todo estaría bien, tras unos momentos volvía a cerrar sus ojos de nuevo. El calor de medio día hace que dentro de la carreta parezca un horno de pan, estoy sudando y mi pequeña igual, ahora ya son solo segundos los que mantiene sus ojitos abiertos, se queja mientras duerme, pero no llora. Varias veces he suplicado que me permitan alimentarla, pero mis suplicas parecen no importarles,

