La tarde había llegado y mi estomago rugía de hambre, ese simple pan que me habían dado no me había servido de mucho. Trate de asomarme por debajo de la puerta para ver si alcanzaba a ver algo, sin embargo, me resultaba prácticamente imposible. Comencé a golpetear la puerta y pedir comida, pero nadie parecía haber afuera, un silencio sepulcral llenaba la habitación y los alrededores. La pequeña ventanita estaba muy arriba, y por mas que intente subirme en la cama para alcanzar, no logre asomarme, no tenía ni la más mínima idea de donde estaba, pero lo qué si sabía es qué si no me llevaban algo de comer pronto, me desmayaría de hambre. Tras un par de horas más, la puerta de nuevo se abrió, me levante de un salto de la cama con la esperanza que llevaran en sus manos algún plato o charola c

