No podía dejar de mirar esos hermosos ojos color miel mientras me miraban fijamente de una manera hipnotizante, no había nada más importante para mí, que ese pequeño pedacito de ser. Yuvén no paraba de mirarnos, posaba sus ojos sobre mí y luego sobre nuestro pequeño bebé, su radiante sonrisa iluminaba toda la recamara, sabía perfectamente bien, que él se sentía de la misma manera en la que yo me sentía, pues delante de nosotros estaba la razón de nuestra existencia a partir de este momento. A pesar de no haberla visto desnuda, pues me la entregaron envuelta en una manta, algo en sus ojos y en sus facciones me dieron la respuesta a una pregunta no mencionada… - ¡Es una niña, es una niña! – Mi orgulloso príncipe no paraba de gritarlo una y otra vez, pues él deseaba con todo el co

