Tuvieron que pasar tres días para que Yuvén estuviera recuperado nuevamente, pero cada vez que intentaba regañarlo por lastimarse de nuevo la espalda, me respondía “pero bien valió la pena” y se reía, claro que yo también lo disfrute, pero definitivamente no me daba gusto que fuera a costo de su salud, pero él parecía estar contento y satisfecho. A pesar de sentir dolor de nuevo en esos días, su mal humor no regreso, al contrario, parecía más un niño pequeño que se queja de todo para que lo ayuden, y cada que intentaba negarme el lograba convencerme diciendo que se la debía por poner en su lugar al patán, y aunque no podía refutar ese comentario, también debía admitir que él lo había disfrutado tanto como yo. Esos días únicamente estuve saliendo yo a hacer las compras y los mandados nece

