Las feroces mandíbulas de los lobos sonaban intimidantes gruñendo al unísono, como una gran bestia con múltiples cabezas dispuesta a devorarte en cualquier momento. Las piernas me tiemblan, el miedo me envuelve y me hace mirar en todas direcciones desesperada tratando de encontrar la manera de poner a salvo a mi bebé, en este momento es en lo único que logro pensar, no quiero que mi hija sufra, no quiero que ella salga lastimada, quiero salir corriendo, pero se que no es la decisión más sensata que pueda elegir. De pronto, de manera sorpresiva, Yuvén me pide que suelte la daga… “¿Qué?... ¿¡Acaso se volvió loco!?” … de ninguna manera soltare la única arma que tengo para defender a mi hija… Me sorprende ver que de repente levanta los brazos, suelta la espada y comienza a hablar con los lo

