—No puedo estar más orgulloso —dijo el Estómago con una sonrisa. Sintió un repelús al observarlo. El cuerpo humano se transformó en una cabeza de un tiburón martillo, de color n***o, con tres puntos rojos que si traza una línea para conectarlos formas un triángulo; atrás de él, había una masa oscura rodeada de brazos, piernas, patas y cabezas de seres vivos de distintas especies. Sonreía de par en par. —Eres más de lo que esperaba, lamento haber causado molestias —dijo el Estómago con tal vehemencia que Juliet no lo podía creer. —No entiendo lo que eres —dijo Juliet, asustada. Apuntó con la escopeta—. ¿Quieres que las personas cambien con la muerte? —No exactamente, Juliet —dijo el Estómago—. Es menester que sepas una cosa: el ser humano, bien, puede cambiar, pero hay cambios

