Subimos al autobús, nuestro viaje es silencioso y tranquilo. Kaled me deja abrazarme a uno de sus brazos y de forma inconsciente acaricia donde estuve herida. Después de salir del pasillo tuvimos que buscar un baño para lavarme, mi abrigo se arruinó, así que tuve que comprar uno en una de las tiendas de la estación. Todavía estoy en shock, fría, muda. Iba a matarme. De verdad iba a hacerlo. Creo que para mí no era real, antes, cuando Kaled me habló sobre ello, no lo entendía, no lo veía de la forma en la que lo hago ahora. Estoy aterrorizada y no puedo dejar de temblar. —Tranquila —consuela Kaled. No puedo. —Yo…me sentí tan inútil —cierro mis ojos—. No podía…hacer nada. No podía hablar, me sentía…Creo que él estaba haciéndome algo. —Estaba influenciándote —dice—. Habrá otros como

