El sol se estaba poniendo sobre los campos dorados que rodeaban el pequeño pueblo de Bluebell. Abril se balanceaba suavemente en el viejo columpio del porche, disfrutando de la tranquilidad que siempre había definido su hogar. El aire fresco estaba impregnado con el aroma dulce de las flores silvestres, y los sonidos distantes de los pájaros cantando creaban una melodía reconfortante.
Abril, con su larga melena castaña ondeando al viento, observaba con cariño a sus padres mientras trabajaban en el jardín. Sus risas llenaban el aire, y su amor era palpable en cada gesto y mirada. Para Abril, la vida en Bluebell era perfecta, llena de calidez y seguridad.
Sin embargo, esa noche, el teléfono sonó con un tono urgente, rompiendo la serenidad de la tarde. Abril vio a su madre, Clara, correr hacia la casa con una expresión de preocupación en su rostro. El corazón de Abril comenzó a latir con fuerza mientras se apresuraba a seguirla.
La voz de su madre temblaba cuando contestó la llamada, y Abril escuchó fragmentos de palabras entrecortadas y angustiadas. El terror comenzó a apoderarse de su pecho cuando vio a su madre cubrirse la boca con la mano y sollozar.
"¿Qué pasa, mamá? ¿Qué está pasando?", preguntó Abril, su voz temblorosa con el miedo que comenzaba a inundar su ser.
Clara miró a su hija con ojos llenos de lágrimas, luchando por encontrar las palabras adecuadas. "Abril, cariño, ha habido un accidente... papá y yo tenemos que irnos de inmediato", dijo, su voz apenas un susurro roto por la conmoción.
El mundo de Abril se tambaleó en ese momento. Un millón de preguntas llenaron su mente, pero una certeza aterradora se aferró a su corazón. Corrió hacia su padre, John, quien la tomó en sus brazos con una fuerza que no podía ocultar su propia angustia.
"Lo siento, cariño", murmuró su padre, sus palabras cargadas de tristeza y desesperación. "Tenemos que irnos ahora mismo. Todo estará bien, te lo prometo".
La desesperación se apoderó de Abril mientras veía a sus padres desaparecer en la noche, dejándola atrás con un vacío abrumador y una sensación de desamparo. Se aferró al umbral de la puerta, viendo cómo las luces de la camioneta se desvanecían en la distancia, llevándose consigo la seguridad y la felicidad que había conocido toda su vida.
La oscuridad de la noche envolvió a Abril mientras luchaba por comprender la magnitud de lo que acababa de suceder. Con el corazón roto y los ojos llenos de lágrimas, se quedó sola en la penumbra, enfrentándose al comienzo de un viaje que cambiaría su vida para siempre.