Nathan. No podía negar que ya me sentía en cenizas solo por la sencilla razón de imaginar a Jelena con esas dos chicas. Apreté mi pene dentro del pantalón para que se calmará un poco, lo menos que quería era llegar a esa casa con una erección del tamaño de un cohete. El auto de las chicas se estacionó frente a una pequeña casa de color blanco hueso, así que me estacioné detrás del auto, arreglé mi pene un poco y bajé del auto. Jelena bajó del auto de las chicas y me tendió su mano, la cual tomé y entrelacé mis dedos con los de ella. ─¿Ustedes son pareja? ─preguntó la chica rubia dirigiendo su mirada a nuestras manos entrelazadas. ─No ─respondió Jelena. ─Sí ─contesté yo dirigiendo mi mirada a Jelena. Sus ojos verdes dieron a los míos y rodeé su hombro aun con nuestras manos entrel

