Un ruido sordo detiene el momento de mi inevitable muerte es Adam. Él no me mira. Los ojos de Adam Hughes están fijos en la figura inerte en el suelo, pero no hay expresión en su rostro. No hay alivio, ni miedo, ni dolor, ni remordimiento. No hay nada más que un rostro desprovisto de emociones. Un escalofrío me invade en ese momento, pero trato de ahogar el terror que lucha por derretirse en mis venas. Mi corazón no ha dejado de latir a una velocidad inhumana y yo tampoco puedo dejar de temblar. La imagen que se despliega ante mis ojos es tan impactante, que ni siquiera soy capaz de hilvanar las palabras en mi boca para decir algo. Tampoco parece poder moverse. Es como si el tiempo se hubiera congelado. Se siente tan irreal. Se siente tan... distante. —Adam...— Mi voz sale en un su

