Narra Noah
¿Artur nos quiere ayudar? Realmente no lo entiendo; no entiendo por qué él nos estaba ayudando. Decidí no darle mayor importancia, tomé la mano de Isaac nuevamente y lo llevé a mi cuarto.
—¿No te parece que Artur actúa un poco raro? —Isaac asintió sentándose en su cama—. Solo espero que esta pequeña tregua dure un poco —me desplomé junto a él soltando un suspiro pesado.
—Estate tranquilo, ¿sí? —me volví hacia él—. Parece que lo decía de verdad; creo que no me hará daño solo por ti.
¿Realmente cree que mi hermano va a detenerse? Artur es igual que mi padre y ninguno de los dos se detienen. Me limité a quedarme callado y mirar el techo sin pensar en nada en concreto.
—Noah —se acercó a mí y se colocó sobre mi pecho—, estás muy serio —comenzó a delinear mi rostro con su dedo—. Quiero ver a ese Noah que siempre me sonreía —pasó su dedo ahora por mi labio inferior, tomé su mano entrelazando nuestros dedos, me sonrió.
—Está bien, trataré de no preocuparme tanto.
Le di un corto beso recibiendo una sonrisa por su parte. Crucé mi brazo por su cintura colocando mi mano en su espalda, sentí la venda por debajo de su camisa. Espero poder sacar a Isaac de aquí pronto, está sufriendo demasiado.
—¿Aún te duele? —asintió—. ¿Por qué no vamos a bañarnos? Así puedo limpiarte bien las heridas.
Me levanté de la cama y tomé ropa tanto para Isaac, como para mí. Nos dirigimos al baño, dejé la ropa en el suelo a un costado, luego abrí la canilla de la bañera para que esta comenzara a llenarse. Al voltearme, vi que Isaac se encontraba de espaldas a mí, solo llevaba la ropa interior, me acerqué a él y lo abracé por atrás.
—¿Noah? —coloqué mi cabeza en su hombro y cerré los ojos—. ¿Sucede algo?
Colocó su mano en mi cabeza y enredó sus dedos en mi cabello acariciándolo. No contesté, solo lo abracé un poco más fuerte. Sentí una sensación realmente extraña al sentir a Isaac tan cerca de mí. De repente, Isaac apartó mis brazos, se giró y me miró.
—¿Qué sucede, Noah? —acarició mi mejilla.
—Escúchame —sentí mi cara arder ante lo que iba a decirle—, ¿a-aún quieres lo que me has pedido? —su rostro se sonrojó completamente, desvió la mirada de mi rostro.
—S-sí, p-pero dame un par de días, necesito que mis heridas se curen —asentí, él cruzó sus brazos alrededor de mi cuello—. Me alegra que quieras hacer esto conmigo. Me agrada la idea de que seas tu quien... —un sonrojo cubrió toda su cara—... q-quien me toque —dicho esto se mordió el labio inferior, sonreí sin poder evitarlo; era realmente lindo cuando se comportaba así.
—Bien no perdamos más el tiempo. Ve metiéndote en la bañera antes de que el agua se enfríe.
Nos separamos, él se terminó de desvestir y rápidamente se metió en la bañera. Imité sus acciones, me desvestí sin perder un segundo y me metí a la bañera con él. Isaac se acercó a mí, se colocó en mi pecho abrazándome.
Pasamos un largo rato en la bañera, hablando de cosas banales y bromeando de vez en cuando mientras nos bañábamos. Poco después de terminar, ambos salimos y nos vestimos. Isaac salió del baño mientras tomaba el botiquín. Al salir, vi a mi hermano, él me observaba desde su cuarto con una expresión seria; no comprendo del todo por qué me mira con esa expresión ahora. Decidí no prestarle especial atención y volver con Isaac.
—Artur me está mirando de manera extraña —dijo Isaac cuando cerré la puerta—. ¿Crees que quiera golpearme de nuevo? —sentí un dejo de temor en su voz. Dejé el botiquín en la cama y lo miré.
—No dejaré que lo haga, no te preocupes —en su rostro apareció una pequeña sonrisa asintiendo—. Bien, voy a desinfectarte las heridas.
Se quitó la camisa y se acostó boca abajo en la cama. Me senté a su lado, saqué lo que necesitaba y comencé a curarlo. Cuando terminé, le pedí que se sentara para poder vendarlo.
—Está cicatrizando bien, pronto no voy a tener que vendarte. Debe serte incómodo.
Me acerqué sentándome detrás de él, crucé mis brazos alrededor de su cintura abrazándolo. Sentí que Isaac acariciaba con delicadeza mis manos, provocándome una pequeña sonrisa. Unos toques repentinos hizo que tanto él como yo nos sobresaltáramos. Me separé de Isaac y me acerqué a la puerta para abrirla, del otro lado estaba Lena con una bandeja entre las manos.
—Su madre me ha pedido que les traiga la cena —me entregó la bandeja en la cual tenía dos platos con comida—. Llámeme cuando terminen —asentí, tomé la bandeja y la puse en el escritorio.
—Ven Isaac, vamos a cenar —se acercó al escritorio, le indiqué que se sentara en la silla, mientras yo acercaba el cofre que tenía a los pies de mi cama que usé como asiento.
Comimos rápidamente dado al hambre que teníamos por no haber almorzado. Apenas un par de minutos después, Lena se había llevado la bandeja y nosotros nos encontrábamos acostados en mi cama. Estábamos a oscuras a excepción de una pequeña lámpara que apenas alumbraba lo suficiente para vernos. Comencé a delinear el contorno de su rostro con mi pulgar hasta llegar a sus labios, él me dedicó una pequeña sonrisa, tomó mi mano y entrelazó nuestros dedos. Acorté la poca distancia que nos separaban y lo besé. Como siempre correspondió a mi beso. De repente, Isaac metió su lengua en mi boca haciendo que mi cara comenzara a arder, llevó mi mano su cintura y se acercó más a mí colocando sus manos en mi pecho.
Poco después nos separamos, sus mejillas tenían un leve color rojo, igual al que, imagino, tengo yo. Me sonrió para luego abrazarme, acaricié en poco cabello que tenía, sintiendo como se acurrucaba contra mí. Solté un pequeño suspiro y cerré los ojos disfrutando de la tranquilidad que aún teníamos.
Desperté de repente por culpa de un rayo que acababa de caer, busqué con mi mano a Isaac, pero no lo encontré a mi lado, abrí los ojos rápidamente e inspeccioné la habitación con temor de que mi padre se lo hubiera llevado con él. Para mi fortuna, Isaac se encontraba sentado en el alfeizar de la ventana, me levanté y me acerqué a él.
—¿Sucede algo?—pregunté acariciando su mejilla—. ¿No puedes dormir? —negó con la cabeza, se acercó a mí y se acomodó en mi pecho.
—Lo siento, no quería preocuparte —volvió a mirarme—. Volvamos a la cama.
Sin esperar a que contestara se levantó, lo tomé de la muñeca e hice que se sentara nuevamente, me miró y abrió la boca para decirme algo, pero antes de que lo hiciera lo besé. Tardó unos instantes en corresponderme, pero finalmente lo hizo. De repente, Isaac se sentó en mis piernas y cruzó sus brazos alrededor de mi cuello. Otra vez sentía aquella sensación rara teniéndolo tan cerca.
—N-Noah... —se acercó más a mi cuerpo, gracias a la tenue luz que entraba por la ventana pude ver el sonrojo en sus mejillas y la mirada vergonzosa que estaba fija en mí—. ¿S-sabes? Kaiser y tu padre me tuvieron así en su momento —desvió la mirada y puso su cabeza en mi hombro—, p-pero es la primera vez que me siento a gusto estando en esta posición.
Se acercó más a mí, pegando nuestros cuerpos, logrando que mi rostro comenzara a arder un poco.
—I-Isaac —me sentí como un idiota al escuchar mi voz temblorosa—. ¿Por qué no vamos a dormir? Es un poco tarde —asintió, pero para lo único que se movió fue para abrazarme aún más, sonreí instantáneamente—. Está bien, yo te llevo hasta la cama —me levanté cargándolo, lo llevé hasta mi cama y lo acosté. Al hacerlo, pude ver que se había quedado dormido—. Eres muy lindo —susurré arropándolo, luego me acosté a su lado y me quedé observándolo.
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Desperté al sentir a Isaac mover mis brazos y acurrucarse entre ellos, abrí los ojos con pereza para mirarlo, pero él me lo impidió poniéndose contra mi pecho. Sonreí abrazándolo. Sentí como se aferraba a mi remera.
—Buenos días —él se separó de mí y me miró—. ¿Has dormido bien? —pregunté dedicándole una pequeña sonrisa, Isaac solo asintió con la cabeza devolviéndome la sonrisa y darme un corto beso.
—Vamos a alistarnos, tu familia ya debe estar desayunando —asentí.
Nos levantamos, tomé mi ropa y me dirigí al baño, me alisté rápidamente y bajé, en el comedor solo se encontraban Lena y mi madre preparando el desayuno. En cuanto me vieron llegar, ambas me saludaron.
—¿Quieres que te ayude, mamá?
—¿Puedes servir el jugo?
Coloqué vasos en los lugares que habitualmente usamos, serví el jugo que mi madre había exprimido y volví con ella.
—Ahora sirve el café para tu padre, para Fellner y para mí —me extendió la jarra de la cafetera, Lena puso las tazas en la mesa y yo las llené de café—. Gracias por ayudar, hijo —me sonrió tomando la jarra.
—No agradezcas, mamá —me besó en la mejilla y me indicó que me sentara dándome permiso para comenzar a desayunar.
—¿Y Isaac? ¿Se ha levantado ya? —asentí—. Qué pena que tu padre no quiera que este con nosotros —soltó un pequeño suspiro—. Podríamos conocerlo un poco más, tanto como tú lo debes conocer.
Un silencio se formó luego de aquello. Mi madre y yo nos miramos al escuchar un llanto, me levanté rápidamente reconociendo quien era. Tanto mi madre y yo corrimos escaleras arriba ya que sabíamos que provenía del segundo piso.
—¡Cállate pequeña porquería y haz lo que te digo! —seguido a la voz de mi padre escuché a Isaac llorar dentro de nuestra habitación—. ¡Quédate quieto!
Intenté abrir la puerta, pero esta estaba cerrada. Entré en desesperación, no sabía qué hacer. Tiré un florero que se encontraba sobre una pequeña mesa de adorno, tomé esta y comencé a golpear el picaporte para romperlo. Con solo un par de golpes el picaporte cedió y la puerta se abrió de par en par. Tanto mi padre como Isaac me miraron. El rostro de mi padre se deformó en una expresión de furia, rápidamente se abalanzó a mí y me tomó del cuello.
—¡¿Qué mierda estabas haciendo con el pobre niño?! —escuché a mi madre gritar por primera vez en mi vida, mi padre me soltó y se giró hacia ella—. ¡¿Te crees que, porque es un niño judío, puedes hacer lo que se te dé la gana con él?! —él solo se limitó a mirarla con ojos fríos como el hielo.
—No es más que una porquería, lo sabes perfectamente, él solo sirve para usarlo.
Mi madre, al borde de las lágrimas, le dio una cachetada, mi padre la observó por unos instantes y luego se fue. Mi madre y yo nos miramos por unos segundos, todo estaba en silencio salvo por los sollozos de Isaac. Me acerqué a él sintiendo mi cuerpo temblar, me senté delante suyo, se acercó a mí y me abrazo ocultando su rostro en mi pecho. Noté que su remera estaba desgarrada y solo llevaba sus calzoncillos.
—¿Te encuentras bien, Isaac? —habló mi madre desde la puerta—. Lamento mucho todo esto, realmente... —bajó la mirada—. Realmente no creí que sería capaz de hacer algo así.
Soltó un suspiro y se fue en dirección a su cuarto. Miré a Isaac, él no se despegaba de mi pecho, aunque ya se había calmado un poco. Ahora realmente sentía odio hacia mi padre; ahora realmente quería irme de esta casa, dejar todo esto atrás y alejar a Isaac de mi padre lo más que pueda.