Como si ese momento hubiera estado guiado por el destino, fueron apenas escasos segundos los que transcurrieron entre el momento en el que Chloe ingresó nuevamente su auto, colocó los seguros y se sentó de modo tal de dar la impresión de estarse literalmente escondiendo de algo o de alguien, cuando desde su distancia vio venir en la esquina de la misma cuadra donde están ubicadas las entradas principales de la estación, a un grupo de hombres venir hacia unas camionetas que estaban aparcadas a poco metros de su auto. Solo hasta ese momento fue que percibió la línea de autos estacionados al lado izquierdo de donde quedó detenida. Eran muchos los hombres, ella contó aproximadamente quince, bien vestidos con trajes ejecutivos, todos con una altura imponente, cuerpos evidentemente fuertes que

