Aquel hombre canoso se encontraba discutiendo por teléfono con una agencia, sentado en el sillón de la sala y moviendo su pierna en señal de una enorme frustración y a la vez, apretando el puño hasta dejar sus nudillos en un tono blanco. Sin conocer lo que era el autocontrol sentía como poco a poco volvía a el mismo estado habitual. Su visión se alejó de los motivos de sus constantes ataques de ira, todo el estrés que sufría, el insomnio que lo atacaba por las noches y las constantes pesadillas que lo acompañaban, hasta el punto que dejó de ser capaz de ver el porqué de todo aquel infierno, mismo que por sí sólo él había provocado y seguía provocando, pues, tenía la audacia de consumir drogas que lo hacían empeorar. Dejaba de comprenderse, sí, pero eso jamás lo detuvo de seguir el mism

