Narra Marcus.
Llegar nuevamente a la mansión, me supuso un alivio inmenso. Había tenido que resolver unos asuntos de la manada luna llena, comercio entre las especies sobrenaturales. Luego estaba el tema más importante, Scarlett. Y el vampiro que asesino a varios estudiantes en el instituto reyes, el mismo al que ella asistía. Conseguir información resulto muy difícil, parecía como si el culpable de esas muertes no existiera.
Sabíamos que era vampiro, y sospechábamos que trabajaba para un clan llamado Sangre oscura con el que teníamos conflictos.
Encontrarme en un callejón sin salida, era estresante. Sin embargo, había alertado a una protectora de este inusual caso, específicamente a una amiga, Camila. No quería que la información llegara a los oídos equivocados, Robert trataba de que Scarlett permaneciera en anonimato. Aunque ambos sabíamos que era cuestión de tiempo de que se enteraran y entonces la manada exigiría un presentación oficial.
La razón, de tanto misterio que rodeaba a la pellirroja, era por su linaje. Su padre un hombre lobo, su madre una mestiza, mitad vampira. Ser un descendiente del mismísimo primer hombre lobo y del primer vampiro, la convertía en alguien poderosa o por el contrario un objetivo si no lograba defenderse. Vulnerable sin la protección de su padre. Y deseada por su sangre.
La primera vez, que vi a Scarlett, me había quedado sorprendido. Sabía que no era solamente su belleza o por su personalidad seria y elegante, ni siquiera por su ascendencia, que era increíblemente poderosa. Era un conjunto de todas esas cosas, de su olor tan atrayente.
Manzanas silvestres. Mi fruta favorita.
Allí de pie, en el comedor. Me di cuenta de lo que ella iba a significar para mí, todo. Después de tanto tiempo la había encontrado, mi alma gemela, disimule tan bien delante de sus padres, porque se suponía que ella no sabía de nada de nuestro mundo, porque Robert la aparto de él, para que viviera protegida junto a su madre y hermano mayor.
Me sentí triste por eso. Porque no haya podido reconocerme, porque cuando me miro a los ojos, no hubo esa chispa, así que trace un plan. Decidí acercarme a ella poco a poco. Primero la atraje en mi forma de lobo en las noches, cuando paseaba por el jardín.
Luego le entregue el diario de Atticus, que estaba resguardado en la oficina de su padre y que tome prestado a escondidas. No la deje beberse la poción que había bebido durante años. Las cosas fueron escalando, hasta llegar aquí a la actualidad mientras la miraba a sus ojos azules y me daba cuenta de que se había transformado, porque mi enlace no estaba solo ahora ella lo sentía y se unía a mí, tal y como quise desde el principio.
Sabría que mis acciones tendrían consecuencias, pero las aceptaría antes que dejar que ella viviera en una mentira un día más.
Así que espere, notando como su enojo bullía, su mirada me taladraba la cara. Y entendí, que no sería fácil hablar con ella apenas terminara el desayuno.
Unas horas después.
Respire profundamente, y con mis nudillos toque la puerta de la habitación de Scarlett, ante los ojos quisquillosos de su nuevo guardaespaldas, que al parecer se negaba a desaparecer. Por mas que lo intente.
*Idiota* pensé.
- Puedes dejarnos a solas yo la cuidare – ordene con seriedad.
- Lo siento señor Marcus, pero el señor Robert, me pidió expresamente que nunca abandona a la señorita Scarlett. Estoy encargado de su seguridad – negó quedando firme en su puesto.
- Te estoy diciendo que puedo encargarme yo ahora, cuando te necesite te llamaré – contente irritado.
- No, me quedare a cuidar a la señorita Scarlett – volvió a negarse a retirarse.
Luego mirarlo con odio, procedí a ignorarlo.
Cuando mi pelirroja abrió la puerta, se sorprendió al encontrarme. Su mano agarraba firmemente la puerta, suspiro cansada y haciéndose a un lado me invito a pasar en silencio.
- Señorita, cualquier cosa estaré aquí afuera- dijo el susodicho, ella le sonrió con amabilidad.
Espera… a mí nunca me sonríe.
- Gracias Willie, no tardaremos – prometió, luego cerro la puerta a mis espaldas.
La habitación de Scarlett, estaba como siempre. Muy rosa.
Creo que era su color favorito.
- ¿A qué se debe tu inesperada visita? – pregunto sentándose en su cama.
- Sé que te transformaste – dije ubicándome en frente suyo.
- Ah, eso – comento con desdén – No sabía que ahora te interesaba, dado que desapareciste- inquirió. Sonreí de medio lado. Sabía que las cosas no iban a ser tan fáciles.
- Créeme no fue porque quise – asegure, me acerque a ella y sacando de mi bolsillo una caja pequeña se la ofrecí – Toma.
- Con regalos, no me convencerás- anunció, pero lo agarro con desconfianza.
Lo abrió encontrándose con una pulsera de plata, tenía dijes pequeños, de diferentes figuras.
- Son de lobos – comento haciendo alusión a una figura.
- Scarlett la pulsera es mágica, cuando me necesites, cuando sea una emergencia, solo piensa con decisión y ella me avisara – dije mientras me arremangaba la camisa y le mostraba la mía.
- ¿No se dañará cuando cambiemos de forma? - preguntó curiosa.
- No, ella se adhiera a nuestra piel como un tatuaje en dicho caso – respondí.
La dejo a un lado suyo, sus ojos azules se encontraron con los míos y por un instante observe como intentaron cambiar de color, un dorado tan sutil.
¿Era posible? ¿Qué se diera cuenta de nuestro lazo?
Acaso, tener durante tanto tiempo dormida su lado licántropo. La tendría confundida. No podría reconocer lo importante que era para mí, cuanto la deseaba…
- ¿En donde estuviste? – pregunto con tono duro.
- Investigando sobre el asesino de tu instituto – confese, sorprendida espero a que continuara – Sabes siquiera lo que eres Scarlett, eres una mujer lobo, pero también un vampiro y eres codiciada. Había pensado… tu padre pensó que ocultarte había funcionado, pero alguien sabe que existes. Y te esta buscando desesperadamente, el problema es que no sabemos quien es.
Se quedo en silencio procesando mis palabras.
- Se lo que soy – se corrigió inmediatamente – Bueno, se sobre mi ascendencia.
- ¿Cómo? – pregunté confuso.
- Y si te dijera, que ayer me transformé, pero tuve una ayuda un poco particular ¿Me creerías? -cuestionó, levantándose de la cama, acercándose hasta tener que levantar un poco su rostro para ver mi rostro.
- ¿De qué hablas Scarlett? – pregunte preocupado.
- Ayer me visito Atticus, mi tatarabuelo Marcus.
Si, lo que decía era cierto. Parecía que Scarlett marcaría una nueva era entre los licántropos y vampiros.
Narra Scarlett
Mis suposiciones eran verdad, aquel asesino que mire fijamente en instituto, iba detrás de mí, y en cambio había asesinado a inocentes, en su equivocación. Me dio un escalofrío solo de pensarlo. Y luego estaba el tema de mi tatarabuelo Atticus.
- Nunca he escuchado nada igual Scarlett, que un ancestro tuyo haya aparecido de esa forma. No es algo natural – dijo pensativo. Quise reír, porque para mí, que existieran los hombres lobo no era algo natural.
- Querrás decir, algo más extraño de lo normal – bromee, él me mostro una sonrisa bonita, y me quede mirándolo por un rato.
Su belleza, su masculinidad y ese olor, a caramelo. Me estaba afectando. Sentía como algo dentro de mí, muy profundamente había cambiado. Porque quería hundirme en sus brazos, embriagarme con ese olor suyo.
- Supongo que, si un fantasma se te apareció, y brindo información, podríamos partir de ahí, tu abuela materna debe llamarse Alice. Debemos averiguar que es lo que quiere contigo – dijo con seguridad, paso una mano por su rostro, parecía cansado ahora que estaba más cerca de él, notaba unas leves ojeras.
Parte de mi enojo se había evaporado. Después de todo, aun tenía deberes con mi padre.
- ¿Marcus, pasare por más cambios? – pregunté, cambiando tema radicalmente.
- No lo sé, eres una mestiza, compartes genes de dos especies. Deberías ser diferente al resto – respondió con sinceridad.
- ¿Hay mas como yo? – cuestioné, mientras retrocedía unos pasos y agarraba la pulsera que me había regalado, colocándola en mi mano.
Después de todo, no podía escatimar en mi seguridad. Ahora menos que hay un vampiro asesino buscándome y puede ser que una abuela, que nunca conocí.
- Muy pocos, que sepa. Ninguno con tu rango, provienes de Alphas y vampiros de sangre real – respondió pensativo, sus ojos marrones fijos en mi muñeca en donde deslumbraba la pulsera.
- Me preocupa todo esto. Tener que ocultarles a mis padres que ya se la verdad, mi transformación, Atticus, el vampiro que quiere matarme. Tengo miedo Marcus – acepte, él se acerco a mí y rodeándome con sus brazos, me abrazo fuerte.
- A mi también me preocupa esto, pero no estás sola Scarlett, te voy a ayudar. No te volveré a dejar sola, lo prometo - prometió, luego se aparto lo suficiente de mí, para mirarme con sus ojos dorados - Además, tienes que aprender a controlar a tu loba.
Y le creí, al menos quise volver a confiar. De que está vez, no me dejaria sola.
- Te perdono Marcus, ya no estoy molesta- susurré pegando mi cabeza en su pecho, relajándome contra él y concentrándome en su aroma tan distintivo, que antes no había sentido.
Mis sentidos más agudos ahora que se presentó un cambio radical en mí.
- Y te tomo la palabra, entrenaré a mi loba, pero creo que necesitaré lentillas por ahora, mis ojos tienes control propio- dije riéndome, separando de él.
- Pues bien, lentillas nuevas para tí - confirmo - Nos vemos mañana en la noche, será nuestra cita.
- Entrenamiento - corregí.
- Tú primer día de entrenamiento- acepto acomodándose su camisa.
Luego se dirigió a la puerta, y cuando se iba a ir, lo detuve, sujetando su brazos. Él me miró curioso.
- Gracias - mi tono demostrando mi sinceridad.
Él me sonrió.
- De nada Scarlett.
Y me quedé nuevamente sola en mi habitación.