Capítulo 1. Faccia Tagliata (Parte: 1/2)

981 Words
⚠️ ADVERTENCIA ⚠️ 💜🖤 La Oscura Obsesión de Saulo Di Marzo 🖤💜 Esta novela contiene: — Romance oscuro —Te vas a encontrar escenas de sex0 muy explícitas. — Violencia gráfica. — Humor n3gro. Si eres una lectora sensible o buscas una historia ligera y romántica… esta novela no es para ti. ⚠️ Lee bajo tu propio riesgo. ⚠️ ____________________________________________________________________________________________ ―Vi esos ojos en dos veces en mi vida, y la última vez que los ví, decidí que toda ella era mía y de nadie más. Saulo Di Marzo. MANSIÓN BENEDETTI, PALERMO ITALIA… ―¡AAAAH!―gritó Hosanna Benedetti incorporándose de golpe en la cama. Tenía el corazón desbocado y las sábanas enredadas sobre sus piernas como si hubiera peleado contra algo mientras dormía. O quizá…si lo había hecho como siempre, cuando le llegaba… esa pesadilla. ―Otra vez, ese hombre. ―dijo respirando una vez. Dos veces. La hermosa pelinegra de 23 años, con sus enormes ojos azules abiertos del susto, apoyó la espalda contra el cabecero y esperó a que el corazón encontrara su ritmo normal. La pesadilla era siempre igual. Oscuridad primero. Luego ruidos que no entendía, voces, algo que podría ser lluvia o podría ser otra cosa, el sonido de cosas rompiéndose. Y entonces, en medio de todo ese caos que su mente nunca terminaba de construir con claridad, aparecía él. Un hombre. Alto. Inmóvil en la oscuridad como si la oscuridad fuera su lugar natural. Hosanna nunca veía el traje, nunca veía las manos, solo veía la cara. Una cara que su mente había grabado con una precisión extraña para ser un sueño. Mandíbula fuerte. Ojos café, que la miraban con una expresión que no era crueldad pero tampoco era compasión. ―Faccia tagliata... (Cara cortada)―murmuró recordando aquella...cicatriz. Una horrible, diagonal, desde la ceja hasta el pomulo izquierdo. El hombre de la cara cortada siempre la miraba en silencio. Nunca se movía. Nunca hablaba. Solo la miraba, como si la conociera, como si llevara mucho tiempo mirándola, hasta que Hosanna se despertaba con el grito atascado en la garganta. Llevaba veinte años teniendo ese sueño. Nunca sabía quién era ese hombre. ―Bueno… ―tragó profundo―Ya… al fin me desperté. ¿Por qué soñé con él de nuevo? Tenia tiempo que no lo hacía. Pasó los dedos por su cabello n3gro, soltó el aire despacio y entonces lo vio. El vestido de novia. Colgado en el armario abierto, blanco, con las perlas en el escote que había elegido ella misma tres semanas atrás en una boutique de via Libertà mientras Lorenzo le decía que se veía perfecta en todo lo que se probaba. ―Ay que lindo se ve. Esta noche era la cena de ensayo. En tres semanas, la boda. Ella sonrió, era una sonrisa pequeña, casi tímida, como si todavía no terminara de creerlo. Seis novios anteriores muertos y una reputación de mala suerte que la seguía por Palermo como sombra. Pero Lorenzo era diferente. Lorenzo... se atrevió a pesar de que le advirtieron que Hosanna Benedetti, era de mala suerte. Pero bueno, él estaba muy enamorado de esa bellisima mujer. Así que, Hosanna se levantó de la cama descalza, caminó hasta el armario y rozó el vestido con las yemas de los dedos. ―¿Será que me lo pruebo de nuevo? Ella sonrió tomando el vestido. ―Ay, si que mas da. ―lo llevó hacia sus pechos. El sueño ya estaba olvidado. O eso… creyó. MIENTRAS TANTO, EN LAS ALTURAS DEL MONTE PELLEGRINO… El amanecer llegó a Palermo sin ser invitado. Pero a esa altura… no llegaba igual. Primero tocaba el mar, luego los techos de la ciudad… y solo después se atrevía a subir hasta donde estaba él. La mansión de Saulo Di Marzo de 37 años, se alzaba lejos del ruido, incrustada en la montaña como si siempre hubiera pertenecido allí. Desde ese punto, Palermo no parecía una ciudad… parecía algo que podía sostenerse en la palma de una mano. Y Saulo lo observaba todo. Así llegaba siempre el alba — insistente, indiferente, sin importarle lo que encontrara iluminando a su paso. Saulo lo sabía porque llevaba años sin dormir lo suficiente como para perdérselo. El amanecer no era un momento. Era un recordatorio. Y desde esa altura… Todo le pertenecía. En aquella mañana, la habitación olía a perfume caro y a una noche que ya no le interesaba. Había dos mujeres en su cama. Una con el cabello esparcido sobre la almohada, la otra con un brazo extendido hacia el espacio donde él había estado. En ese momento, Saulo se encontraba de pie junto a la ventana, completamente desnudo mirando el jardín. Era un hombre imponente, de casi un metro noventa y seis de estatura, con un cuerpo esculpido y poderoso. Entre sus piernas, su miembr0 viril, grueso y largo —casi veintiocho centímetros en reposo—, colgaba pesado y relajado, balanceándose ligeramente con cada sutil movimiento de su cuerpo. No las miraba a ellas. Nunca las miraba después. Su mirada estaba perdida en el jardín pensando en ella. En su obsesión, en... Hosanna Benedetti. Luego, Saulo se movió sin hacer ruido hacia el baño. Era muy elegante, con mármol n3gro del suelo al techo, una ducha que ocupaba la mitad del espacio y abrió el grifo de agua fría. La dejó correr. Luego tomó el cubo que Francesca siempre dejaba junto a la bañera sin que nadie se lo pidiera, porque Francesca conocía sus rutinas mejor que él mismo. Volvió al cuarto. Se paró al pie de la cama. Volcó el cubo. El agua fria cayó sobre las dos mujeres como un golpe y los gritos llenaron la habitación. —¡AAAAAH! Seguidamente, Saulo con su cara seria las miró, y con esa voz suya que no subía de volumen nunca porque no necesitaba hacerlo les dijo: —Lárguense. CONTINUARÁ...
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