Ron Despertarme a su lado era algo nuevo, su espalda estaba pegada a mi pecho, mis manos rodeaban sus caderas y su cabello estaba en mi rostro, me aleje un poco para mirar su espalda desnuda, unas pequeñas líneas que ya estaban del mismo color que su piel dejaban en manifiesto parte de sus castigos, la forma en que le había marcado la piel, como la lastimo, lo que hizo el grandísimo hijo de puta con ella, con esta mujer que se veía tan fuerte. Bese su espalda con cuidado, dejando una franja de besos suaves hasta su nuca, se removió mientras se reía. — ¿Por qué madrugas? - se quejó. — Es día de semana cariño - suspiro. — Pero tienes el día libre por lesión y yo no tengo horarios, vamos a dormir - arquee una ceja. — ¿Los chicos no tienen escuela? - soltó una maldición. — Jod

