Ana La cabeza me latía con insistencia, mis ojos apenas podían abrirse, mi boca sabía cómo si algo se hubiera muerto dentro, el timbre de la puerta sonaba con insistencia y yo quería matar a quien sea que me molestara en este momento, porque no era mi mejor cara y definitivamente tampoco mi momento. Baje las escaleras agarrada de la pared, mis hijos dormían, no sabía cómo lo hacían, esto parecía un concierto de bocinas, o quizás mi cabeza lo sentía de esta manera, no podía pensar, apenas podía abrir los ojos, era una locura, una jodida molestia que siguieran tocando. — ¡Voy! - gruñí y llegué a la puerta para mirar en la cámara. Un chico con una caja enorme en su manos estaba parado en la puerta, junté mis cejas y la borrachera se me bajo casi al mismo tiempo que iba a tocar el botón

