Me paré en la cubierta de nuestro yate y un suave viento cálido me sopló en la cara. Escuché gritar a mi hijo, exigiendo a su padre, que sostuviera un poco más el timón. - ¡Iván, deja de ser travieso! Ya eres un niño grande y debes entender que los marines deben irse a la cama a tiempo. - decía mi marido con firmeza. - Bueno, papá, un poco más, - insistía el pequeño. - No más, la capitana dijo, que era hora de dormir, entonces, hay que obedecerla. Yo obedezco y tu también, - le convencía Iván. - Bien, vamos a dormir, - dijo mi hijo. Mi esposo recogió al niño y lo llevó a su camarote. Yo sonreí. Han pasado cuatro años, desde que Iván y yo nos encontramos de nuevo y ya no nos separamos ni un día. Me casé con él por lo civil y me convertí en la señora Reznic. Tuvimos que mudarnos de Rus
Download by scanning the QR code to get countless free stories and daily updated books


