Después de cuatro meses, sin recibir noticias de mi esposo, me desanimé. No encontraba explicaciones de su tardanza. Pero era necesario prepararse para los exámenes finales y defender mi diploma, como médica. De repente comencé a sentir a mi hijo, al principio apenas se notaba, eran como unas olas de ternura, pero ahora mi corazón irradiaba felicidad con mi niño. Y lo único que me entristecía, era la ausencia de su padre. Mamá comenzó a odiar silenciosamente a Iván aún más, por no poder hacer feliz a su hija, pero aún no lo expresaba en voz alta. Ella veía como yo sufría sin él, como me hacía falta, como quería compartir con él mi felicidad por tener nuestro hijo. Pero yo sabía, que cuando ella conociera a Iván de verdad, me entendería. Él y solamente él merecía que le esperara toda mi vi

