Pasaron dos días del cumpleaños de Zenda y su deseo de captar el interés de Enrique solo había quedado en eso, en un deseo. La actuación protagónica de Samantha en la obra de teatro escolar, provocó que todos los ojos se pusieran sobre ella.
-Ya saben deben estar a las 6 de la tarde para coger buenos asientos. Advertía Samantha a la señora Smith y a Zenda, mientras se retiraba rumbo al último ensayo. A Zenda le causó gracia la actitud de diva de Samantha, realmente se tomaba muy en serio su personaje.
Antes de ir a la escuela para ver la obra teatral, Zenda aconsejó a la señora Smith que se detuvieran en una florería para comprar un ramillete de flores y entregárselo a Samantha al finalizar la obra. La señora Smith se estacionó y pidió a Zenda que bajara a adquirir las flores. Al momento que ella ingresaba a la tienda chocó en la puerta con Enrique, quien salía de la florería con un ramo de margaritas combinadas con claveles.
-Hola Zenda. También compraras flores para Sam?. Zenda asintió con la cabeza, mientras Enrique sostenía la puerta para que ella ingresara. Compro un par de rosas y salió. Sabía que era una costumbre muy popular entregar flores a los artistas el día del estreno, pero no dejaba de sentir celos que Enrique se las diera a su hermana. Como estaban de camino, la señora Smith se ofreció llevar a Enrique a la obra. Durante el viaje Zenda no dejaba de observar por el espejo retrovisor las flores que Enrique había comprado y comparaba el ramo con el girasol que él le regaló por su cumpleaños. Finalmente dio un resoplido y sacó esos pensamientos de su cabeza. No estaba bien sentir celos de su hermana.
Lograron obtener asientos casi en la primera fila, Samantha podría verlos desde el escenario sin ninguna duda. La obra era una adaptación moderna del clásico de Shakespeare “Romeo y Julieta” y aunque Zenda estaba celosa de todo el acaparamiento de las miradas hacia Samantha, no podía negar que tenía mucho talento. Al finalizar el espectáculo, Enrique, la señora Smith e incluso Zenda aplaudieron efusivamente, el trabajo de Samantha era intachable. Intentaron ingresar a la parte trasera del escenario pero las personas empezaron a aglomerarse, haciendo imposible su entrada. Mientras tanto una pareja de esposos se escurrieron entre la multitud, logrando acercarse hacia los jóvenes actores.
-Samantha tienes unos minutos. La mujer que logró ingresar a bambalinas junto a su marido, pidió hablar con la joven actriz. Lucia desaliñada y ojerosa. El hombre que la acompañaba se acercó, su aspecto era el de un motociclista en decadencia. Samantha se quedó inmóvil ante la solicitud de aquellas personas, pensando en quienes eran y como sabían su nombre. Cogió su maletín e intentando salir del lugar se excusó diciendo que no tenía tiempo, debía encontrarse con su familia. En el momento justo en que daba la vuelta dejando atrás a aquellas personas, la mujer alzó la voz y dijo: -¡SAMANTHA, SOMOS TUS PADRES BIOLÓGICOS¡
Samantha dejó caer su bolso, quedándose inerte ante lo que había escuchado. Sus padres estaban ahí después de tantos años. Si esa era una broma, sería una de muy mal gusto pensó. Al cabo de unos minutos, la señora Smith pudo ingresar para ver a Samantha, llevaba las rosas que había comprado con Zenda. Unos pasos más atrás la acompañaba Enrique con su ramillete y casi al final Zenda. Cuando la señora Smith tuvo frente a Samantha, se aproximó con los brazos abiertos para abrazarla a modo de felicitación pero Samantha la esquivó. La señora Smith sin comprender la reacción de Samantha le entregó las rosas. Fue entonces cuando Samantha explotó: -¡CUANDO PENSABAS DECÍRMELO¡ Terminando de decir esto, aparecieron los padres de Samantha. La señora Smith, nerviosa intentó tomar la mano de Samantha para explicarle, pero ella la rechazó.
-¡DICEN QUE SE HAN COMUNICADO CONTIGO¡ ¡QUE PIDIERON VERME, PERO TE NEGASTE¡ ¡NO PENSASTE QUE TAL VEZ QUERÍA UNA EXPLICACIÓN POR PARTE DE ELLOS, NO PENSASTE EN LO QUE PODÍA SENTIR¡ ¡AHORA ENTIENDO PORQUE ESTABAS TAN NERVIOSA EL DÍA QUE ZENDA DESAPARECIÓ, CREÍSTE QUE SE HABÍAN CONTACTADO CON ELLA¡. Samantha no dejaba de gritar entre sollozos, reclamándole a la señora Smith el hecho de haberle ocultado que sus padres habían intentado acercarse a ella. Cogió las rosas y se las restregó en el pecho a la señora Smith, aludiendo frases reprochadoras:-¡TOMA TUS ROSAS, NO QUIERO NADA DE ALGUIEN QUE ME OCULTA COSAS TAN IMPORTANTES¡. Diciendo aquello, salió corriendo del lugar. Tras de ella fueron sus padres biológicos, la señora Smith y Zenda. Enrique al ver pasar a Samantha, intentó detenerla, pero ella ni siquiera volteo a verlo.
Samantha se subió al auto viejo color verde en el que habían llegado sus padres, no volvió la mirada ante las suplicas de la señora Smith. Zenda se quedó parada en las escaleras de la salida del auditorio, cargando las rosas que compraron y viendo como la señora Smith se desgarraba en llanto. No podía creer que Samantha le diera la espalda luego de todo lo que había hecho esa mujer por ella en todos estos años, años en los que sus padres nunca supieron si ella estaba viva o no. Enrique se le acercó por detrás e inexplicablemente la aproximó hacia él para abrazarla. Creyó que era necesario a manera de consuelo, aunque realmente no sabía porque lo hizo.
Al llegar a casa, Zenda colocó las flores que habían comprado para Samantha en agua. Preparó un poco de té y le sirvió una taza a la señora Smith, quien se encontraba sentada sobre una silla antigua divisando por la ventana. Su mirada era vacía, estaba cansada de haber llorado tanto por Samantha y su decisión de irse con sus padres biológicos. Sonrió con desgano cuando Zenda le aproximó la infusión. Tomó un sorbo y siguió observando a través de la ventana como si estuviera esperando que Samantha apareciera en cualquier momento.
-Puedo preguntarte ¿por qué no hablaste del acercamiento de los padres de Samantha?. Zenda un tanto dubitativa, un tanto recriminatoria, le preguntó a la señora Smith sobre su proceder. Ésta suspiro hondo y le respondió con lágrimas en los ojos:-Porque no quería que Samantha sufriera. Yo estuve presente cuando Sam llegó al hogar de acogida de pequeña, llena de marcas en la piel producto de quemaduras y golpes. Desnutrida, a punto de perder la dentadura por lo podrido que estaban sus dientes. Llevaba puesta la misma ropa desde hacía meses, infestada de piojos. No era justo que una criatura inocente hubiera tenido que pasar todo eso. No sé si ella lo recuerde pero yo lo tengo grabado en mi mente como si fuese ayer. Crees que era correcto que las personas que le hicieron eso se acerquen a ella.
Zenda abrazó a la señora Smith, comprendió que su actuar se debió para proteger a Samantha, esperaba con todas sus fuerzas que así lo comprendiera su hermana. La señora Smith se repuso y comentó que no le quedaba otra opción que ir ante las autoridades. Legalmente, gracias a la adopción, ella era su tutora y por ende los padres biológicos no tenían derecho sobre Samantha. Pensó en interponer una demanda por secuestro, aunque no fuese del todo cierto, pero cualquier cosa era válido para recuperar a Sam. Mientras revisaba los papeles para poder llamar a las entidades pertinentes, sonó el celular de Zenda. Era Samantha
-Aló, Zenda. Antes que Samantha siguiera hablando, Zenda puso el teléfono en altavoz para que la señora Smith pueda escuchar. Samantha estaba ofuscada y no pensaba con claridad, no deseaba hablar con la señora Smith pues sentía que la había traicionado al ocultarle que sus padres la habían buscado. Por eso, condicionó su regreso siempre y cuando no hiciesen nada en contra de ellos. Iba a pasar unas semanas con sus padres para recuperar el tiempo perdido, luego de eso volvería. La señora Smith se sintió atada de manos, pensó que si interponía la demanda a los padres de Samantha, ella terminaría odiándola. Con un profundo dolor accedió a la propuesta.
Al día siguiente Zenda pensó que vería a Samantha en la escuela, pero no fue así. Samantha no apareció. Cuando Zenda le envió un mensaje preguntando si asistiría a estudiar. Ella respondió que por el momento no pensaba hacerlo, pues tenía que hacer muchas cosas con sus padres. Zenda entonces decidió presentar justificaciones a los maestros de la escuela, aludiendo que Samantha estaba delicada de salud y que le habían aconsejado que tome descanso médico. A la hora de almuerzo Zenda se sentó en una de las bancas del comedor a pasar el rato, realmente no tenía ganas de comer. Repentinamente apareció Enrique para sentarse frente a ella.
-Hey Zenda si no comes, no vas a responder bien en los estudios. Enrique preocupado trataba de animarla. Zenda sonrió levemente, cabizbaja. Casi susurrando contestó:-No tienes de qué preocuparte. Enrique tomó la mano de Zenda ante el asombro de ella y le dijo:-Claro que me preocupo, pues eres mi compañera de grupo en el curso de ciencias y si no contestas debidamente en los trabajos escolares, pues mi calificación también se verá afectada. Terminando de hablar esbozo una gran sonrisa con la intención que Zenda se sintiera mejor. Ella al verlo, experimentó en ese momento que todos sus problemas se habían ido. Enrique y Zenda siguieron hablando. Él comentó que al igual como hacía con la señorita Smith, Samantha tampoco contestaba sus llamadas y mensajes, así que decidió no molestarla. Comprendió que estaba pasando por un proceso algo raro y que debía tener tiempo para asimilarlo. Con Zenda era lo contrario, Samantha si respondía las comunicaciones. Sin embargo, era distante y fría. Pasaron los días y sin darse cuenta Zenda y Enrique se volvieron más cercanos. Él no quería dejarla sola, como amigo no podía permitir que se deprimiera ante la ausencia de Samantha, quien no tenía la más mínima intención de regresar. A Zenda le gustaba más de lo que creía, sentir esa protección por parte de él.