Los gritos y maltratos constantes de su madre borracha, provocaron que a sus dieciséis años, Maggy dejara su casa para vivir en la calles. Para alimentarse con un poco de pan comenzó a pedir limosna durante el día y en las noches para soportar el frío y sobre todo para olvidar lo triste que era su vida, se dedicaba a inhalar diversas sustancias químicas. Fue en una de esas noches en la que sentada en una esquina de la plaza principal de Miramar, enajenada creando un mundo lleno de algarabía, que conoció a Frank. La falta de amor de Maggy generó una total dependencia hacia el joven adicto de cabello graso, quién consciente del sometimiento incondicional de Maggy hacia él, la usaba para sus fechorías. Ambos chicos vieron el engaño y el hurto como medios para ganarse la vida, gastando las monedas que obtenían en drogas y alcohol que los hacía vivir noches de lujuria. Producto de ese desenfreno, luego de unos meses Maggy quedó embarazada. Durante los primeros meses de gestación, tanto ella como Frank no tomaron importancia de su estado, pero su vientre comenzó a crecer impidiendo que se mueva con total agilidad para las trastadas que planeaban. Maggy no quería ser un estorbo para Frank, por lo que decidió visitar a una mujer de fachas estrafalarias que atendía en uno de los puestos de un viejo mercado al lado del muelle de la ciudad. Estando allí, la extraña señora le propinó a Maggy un brebaje compuesto de diversas hierbas. La joven gestante se lo bebió todo de un sopapo, para luego darle el alcance a Frank.
Frank se encontraba bebiendo un poco de ron de una pequeña botella, cuando vio llegar a Maggy, tenía la piel más blanca que de costumbre, los labios estaban descoloridos y sudaba en demasía. No podía articular palabra, solo se cogía el bajo vientre con ambas manos y ante el pasmo de Frank y de algunos transeúntes que se encontraban alrededor, Maggy desfalleció.
Cuando Maggy volvió en sí, se encontraba con una vía de suero conectada a las venas de su brazo derecho. Vestía un camisón blanco y para su asombro ya no tenía el estómago crecido. A los pocos minutos ingresó una enfermera, quien al ver a Maggy sobre sentada, le pregunto: --¿Deseas ver a tu hija?
La bebida que ingirió Maggy provocó que se le adelantara el parto, al perder fuerzas en plena calle; una señora compadecida por el estado de la joven madre, la subió a su auto e instigo a Frank que las acompañara, llegando a un hospital cercano en donde le realizaron a Maggy una cesárea de emergencia. La buena mujer al ver la situación de ambos jóvenes, decidió acogerlos en su casa, mientras que Frank intentaba conseguir trabajo. Para ganarse su confianza, los nuevos padres decidieron ponerle a su hija Samantha como la mujer que los ayudó. Maggy memorizo, tal como se lo solicito Frank, todos los hábitos de la buena señora con la finalidad de robarle sus joyas, Y así lo hicieron, el día que la dueña de la casa donde estaban acogidos Maggy y Frank, salió a realizar las compras de los alimentos para la semana, éstos dieron rienda suelta a sus malas costumbres y cogieron todo los que pudieron para luego huir del lugar. En un momento pensaron en dejar a la niña en la casa, pero Frank desistió de la idea pues había visto que en las calles funcionaba mejor el negocio de las limosnas si había un niño de por medio.
Para no ser encontrados se trasladaron hacia el otro extremo de Miramar, en donde se dedicaron a explotar a Samantha, colocándola en las calles desde temprana edad para que obtenga dinero de la caridad de las personas. Mientras tanto Frank y Maggy aumentaban sus vicios, convirtiendo la heroína en su nuevo placer. Para poder saciar su necesidad de su nueva adicción, los jóvenes delincuentes planearon el robo a una de las gasolineras aledañas al hostal de mala muerte donde habitaban en ese entonces. En la habitación del hospedaje barato, dejaron a la pequeña Samantha entretenida con unos cuantos dulces mientras ellos se fueron a perpetrar su acto delictivo. Y fue en esa habitación donde la policía encontró a la niña después de horas de búsqueda a sus padres. Uno de los ayudantes de la gasolinera se resistió al hurto, provocando que Frank no tuviera piedad al herirlo con una navaja. Al ser reconocidos por los otros trabajadores de la estación de combustible, Maggy y Frank decidieron huir antes que las autoridades los atrapen, dejando a su hija a su suerte.
La policía tomó a la niña y la trasladó hacía el centro infantil más cercano. Así, a sus tres años, con desnutrición crónica y hongos en la piel, producto de la falta de higiene y alimentación, Samantha llegó al albergue de Miramar. Fue recibida por Federica Smith, quien al verla con sus trenzas de color trigo y sus vivaces ojos verdes, sintió que Claudette regresaba para que la protegiera. Desde ese momento la señorita Smith, como la llamaban los niños del albergue, dedico su vida por cuidar a Samantha, quien se pasó casi un año entero alejada de los otros niños por las múltiples enfermedades que traía consigo y para evitar que contagiara a los otros pequeños de algunas plagas como piojos. Los cuidados de la señorita Smith, dieron resultados en Samantha, convirtiéndose en una niña sana que le encantaba bailar y cantar, solo entristecía cuando sus compañeros eran adoptados y ella se quedaba nuevamente sola. Y es que a pesar que había logrado superar todos los inconvenientes con los que ingreso al orfanato, el historial de sus padres no la convertía en la mejor opción a la hora que llegaban las familias en busca de un niño, muchos temían que hubiera heredado algunos de los vicios de sus progenitores. Para la celadora Smith era una fortuna que Samantha se quedara, pues sentía que tal vez era el destino que así lo quería y tal vez algún día ella pueda ser la madre que tanto esperaba la niña.