Zenda y Samantha dejan el albergue

902 Words
Una tarde luego de realizar las labores en el huerto del albergue, Zenda y Samantha recibieron una noticia que las destrozó: La señorita Smith pasaba a jubilarse. Zenda corrió a su dormitorio para tumbarse en su cama y apagarse en llanto, no podía creer que ya no vería aquella sonrisa que por años la recibía amablemente en las mañanas a la hora del desayuno. Por su lado, Samantha se encerró en el baño para que nadie la viera derramar lágrimas de amargura, pues partiría aquella mujer que en más de una ocasión la abrazó para que ella se desahogara. Esa noche ni Zenda ni Samantha pudieron conciliar el sueño, sentían que con la salida de la señorita Smith quedaban más desamparadas de lo que ya estaban. Al día siguiente muy temprano, incluso antes de la hora del desayuno, entró a la habitación de ambas chicas la directora del albergue, la señora Montiagudo. Y con esa voz ronca, característica en ella, dijo: –Chicas cojan sus cosas que deben mudarse de este lugar- Zenda y Samantha quedaron estupefactas con lo que habían oído decir a la señora Aurora. ¿A dónde irían?, no tenían a nadie que reclame por ellas. Tal vez las trasladarían a otro albergue. Y entre tanto pensamiento que rondaba por sus cabezas, no prestaron atención a la última frase dicha por la directora: “Cojan sus cosas que deben mudarse de este lugar para ir a su nuevo hogar”. Cabizbajas y temerosas se acercaron a la oficina de la directora. Al abrir la puerta se sorprendieron de ver a la señorita Smith esperando por ellas. Entonces cayeron en la cuenta: La señorita Smith las había criado y al jubilarse del trabajo en el albergue sentía que estaba abandonando a sus hijas. Eso es lo que pensaban Zenda y Samantha, aunque la verdad era que Federica Smith siempre tuvo como intención adoptar a Samantha por el parecido que tenía con Claudette; el que adoptara a Zenda lo hacía más para que Samantha no se sienta sola que por iniciativa propia. La directora ayudó a la tutora con los trámites respectivos a la adopción. Ambas muchachas estaban más que felices, no podían creer que ya no serían hermanas por destino sino también legalmente. Luego de pasar unos días a la afueras de la ciudad, disfrutando de las primeras vacaciones como una familia; Zenda, Samantha y la señorita Smith fueron a residir a la renovada casa de los Klauss Smith. Las paredes ahora eran blancas, y el jardín estaba rodeada de rosas de distintos colores. Samantha a toda prisa ingresó a la vivienda para conocer cuál sería su habitación. Grande fue su sorpresa cuando en la entrada de la habitación que se encontraba junto a la recamara principal colgaba su nombre. Abrió la puerta y se encontró con un dormitorio de ensueño: una cama con dosel de la que colgaban unas preciosas cortinas blancas con encaje. Frente a ella un tocador color rosa y una repisa llena de peluches y muñecas de porcelana. Samantha se sentía toda una princesa. Federica se llenó de júbilo al ver a Samantha riendo tirada sobre la cama, imaginaba que era su Claudette quien disfrutaba de toda esa comodidad. Samantha le había devuelto la vida que había perdido años atrás cuando ocurrió el accidente. Mientras tanto, en silencio parada en el ingreso de la habitación, observando al detalle toda esa escena de felicidad, Zenda esperaba a que su madre adoptiva le indicara donde dormiría ella. La señora Smith, al percatarse de la presencia de Zenda, trató de disimular el confort que sentía al ver la algarabía de Samantha y se aproximó hacia la adolescente árabe para indicarle: -Zenda, cariño vamos te mostrare tu dormitorio. Llegaron al final del pasillo, Federica giro la manija de una puerta color caoba e invitó a Zenda para que ingresara. Zenda dio unos pasos para quedar frente a un cuarto mucho más pequeño en comparación con la habitación de Samantha, tanto así que tan solo había una cama sencilla cubierta con una frazada de colores, junto a ella una pequeña mesa de dormir y al lado de la ventana un espejo en lugar de tocador, un viejo escritorio decorado con un pequeño florero y sobre él una antigua repisa marrón con unos cuantos libros de historia. Federica a ver la expresión de desilusión de Zenda, quiso limar su culpa, con explicaciones que ni ella misma se creía:-Querida, tu sencillez es lo más característico en ti. Por eso acomode el dormitorio a tu gusto, coloque el tipo de lecturas que te agradan y detrás de la puerta puedes colgar la imagen de esos rockeros que estabas escuchando la otra vez. Ponte cómoda, iré donde Sam para ver que desea que ordenemos para la cena. Al cerrar la puerta, Zenda tiro sobre la cama su maleta, se preguntó porque siempre debían comer o hacer lo que Samantha deseaba; no le desagradaban las ideas de su hermana, pero por una vez a ella también le gustaría elegir aunque sea el postre de una de las cenas. Diviso a su alrededor y se sintió relegada, como si Federica la tuviera a ella solo por compromiso. Cogió uno de los libros que estaban sobre la repisa y decidió salir al jardín de la parte delantera de la casa, no sabía porque pero no soportaba escuchar las risas de Samantha y Federica.
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