La señal que Zenda esperaba

1386 Words
Zenda estaba sentada sobre el borde de la acera del frontis de su nueva casa, llevaba consigo uno de los libros que su madre adoptiva había dejado en el estante de su dormitorio. Con la finalidad de disipar su mente de aquellos pensamientos que la hacían dudar del cariño de Federica hacia ella, se dio de lleno a la lectura. Absorta leía sobre aquellas civilizaciones que creían firmemente en que el cosmos rige nuestro destino y nos envía señales; Zenda sentía que en ese momento quería una señal para saber si realmente su lugar era estar con la señora Smith y Sam pues no era la primera vez que se sentía relegada. Fue entonces que enviado por el destino, así lo sintió Zenda, cayó sobre ella un muchachito como de unos trece años; quien viniendo sobre una patineta no midió la velocidad y al intentar hacer una pirueta fue a dar a las faldas de Zenda, tumbándola junto a él. -Disculpa, no fue mi intención- El muchacho avergonzado se puso de pie rápidamente y sin importar el raspón que se había dado en la rodilla, se fue a auxiliar a Zenda, quien se había dado un fuerte golpe en el antebrazo. Al intentar levantar a Zenda, ésta se quedó perpleja, perdiéndose en los ojos del chiquillo; al percatarse que estaba haciendo el papel de boba, Zenda se sacudió y corrió hacia su casa totalmente abochornada. Sin saber qué hacer, al joven púber no le quedó otra opción que coger su patineta y enrumbar. Justo en el momento en que iba a pisar la pista, tropezó con el libro que minutos antes Zenda había estado leyendo. Lo tomo entre sus manos y lo hojeo rápidamente, al hacerlo no pudo evitar hacer un gesto de extrañeza al darse cuenta que el libro no solo contenía información histórica de culturas ancestrales, sino que además habían anotaciones a lápiz de posibles hipótesis sobre el desarrollo de las mismas. Miró hacia la casa de Zenda y Samantha, luego de unos minutos dio media vuelta y se fue pensativo. Esa tarde recostada sobre su cama, Zenda no dejaba de recordar el momento en que el chico de la patineta cayó sobre ella, al hacerlo se sentía extrañamente feliz; estaba segura que tal como lo decía el libro que leyó, ese muchacho era la señal que necesitaba para saber que su lugar era estar en esa familia, en esa casa, en esa calle, en ese barrio cerca al chico de la patineta. Mientras repasaba una y otra vez el momento vivido con el jovenzuelo, su hermana ingresó intempestivamente a su habitación, provocando que deje de soñar despierta. -¡Hey, Zenda¡ ¿En qué piensas? Samantha tenía una predilección especial de querer saber lo que pasaba por la mente de Zenda cada vez que ésta se ensimismaba en sus pensamientos. Zenda dio un resoplido y se pesó para sus adentros que Samantha la apartara del recuerdo del chico de la patineta. Tratando de desviar la atención de su hermana, respondió de mala gana: -Estaba recordando algunos datos del libro que estoy leyendo. Samantha pudo percatarse que Zenda no estaba con ganas de entablar conversación alguna, así que decidió retirarse. Al llegar a la puerta de la habitación se giró hacia Zenda y le recrimino: -Ok Zen, quédate con tus pensamientos, pero no me mientas. Ni siquiera tienes un libro cerca de ti para decir que lees alguno- En ese momento Zenda se puso de pie rápidamente no tanto por la vergüenza de que su hermana haya descubierto su mentira, sino porque se percató que había perdido su libro. Se asomó por la ventana con la esperanza de que se encontrara tirado por algún lugar cercano, pero al parecer el libro había desaparecido. Un pálpito fuerte vino hacia ella, al pensar que el chico de la patineta lo había guardado. Al día siguiente, mientras desayunaban, Federica Smith les propuso a sus nuevas hijas, ir de compras para cubrir lo que necesiten para el inicio de clases escolares. Samantha estaba encantada con la idea, quería comenzar pronto la escuela, había visto las series de televisión y moría por asistir a esos bailes, aunque a veces le resultaban un tanto ridículos, que siempre se organizaban en las escuelas. Por su lado Zenda tenía un poco de temor de asistir al colegio, no había convivido con otros chicos de su edad salvo con Samantha, pues mientras vivieron en el albergue las clases eran con tutores dentro de él. -Zenda anímate, ya verás que en la escuela todos querrán ser nuestros amigos, para eso hermana debes cambiar un poco tu forma de vestir, así que vamos a llevarnos todo de las tiendas- Samantha trataba de animar a Zenda quien prefería mil veces no tener que intentar caerle bien a sus futuros compañeros, ni mucho menos comprar ropa nueva para que la acepten. Sin embargo la obsesiva insistencia de su hermana y la súplica de su madre, provocaron que terminara recorriendo los pasillos de las boutiques del centro comercial. Al regresar a casa Federica, estaciono el auto para bajar rápidamente y abrir la puerta principal, Samantha estaba presurosa de probarse cuanta prenda había adquirido; Zenda solo reía de las cosas tan simples que emocionaban a su hermana, como el probarse un pantalón de moda. Apenas Federica facilito el acceso a la casa, Samantha ingresó velozmente hacia su habitación, para acomodar todo el repertorio de trajes que había comprado y elegir con cual iría el lunes al colegio. Mientras tanto Zenda, se quedó para sacudir los asientos del auto, que se habían llenado de migajas luego de comer los panecillos dulces que Federica les había obsequiado. Termino de asear el auto, cogió la bolsa junto con un pequeño león que compró pues le recordaba las enseñanzas de su padre cuando por las tardes en Keshaman le decía: -El león es el símbolo de la grandeza, todo musulmán debe ser como un león, protegiendo lo que es suyo y engrandeciendo a los suyos. Distraída en sus recuerdos, mirando al leoncito que llevaba consigo, Zenda no se percató que caminando hacia su dirección venía el chiquillo de la patineta que en ese momento se encontraba hablando por celular sin darse cuenta que chocaría por segunda vez con Zenda. -Disculpa. Oye contigo me tope la otra vez- El muchacho se rió al notar la coincidencia que en menos de veinticuatro horas puedas tropezar con la misma persona, en el mismo lugar. Por su parte Zenda no daba crédito a lo sucedido, si el universo quería enviarle señales, estaba siendo muy obvio. Era casi seguro que ese chico sería alguien muy importante en su destino. Trató de comportarse lo más natural posible y respondió: -Así que nos volvemos a encontrar- El muchacho volvió a sonreír, guardo su celular en el bolsillo de su pantalón y agregó: -Tengo tu libro, lo dejaste tirado ayer. Si quieres de regreso te lo doy, pues he quedado en encontrarme con un grupo de amigos en la plaza, irá un grupo de rock a tocar. Zenda quedo mirando al muchacho, pensó que su libro era lo que menos le importaba en ese momento, rogaba para tener que toparse una y otra vez si fuese necesario. Iba a decirle que a ella también le gustaba el rock y claro que podía traerle el libro luego, pero Samantha interrumpió el mágico momento apareciendo de improviso para presentarse:-Hola soy Samantha, hermana de Zenda. Tu quién eres? El muchacho no quiso ser mal educado y respondió:-Soy Enrique, vivo a unas cuadras y ayer me tropecé con tu hermana. Le estaba diciendo que tengo su libro. Samantha vio de reojo a Zenda y entendió el porqué de sus pensamientos que la hicieron estar tan distante el día anterior. Zenda al darse cuenta que había sido descubierta por su hermana, tomo la mano de Samantha y acotó: -Gracias Enrique por guardar mi libro, después del concierto me lo puedes dar no hay problema, voy a ir con Sam a ayudar a mamá. Dicho eso jaloneo a Samantha para que la acompañara hacia la casa, mientras que Enrique se despedía de ella. Luego de cenar, el timbre de la puerta interrumpió la velada de Federica, Zenda y Samantha. La sorpresa fue grande cuando Federica al abrir la puerta dijo:-Zenda te busca un chico llamado Enrique.
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