Un baile se aproxima en la escuela

1782 Words
Habían pasado unos años desde que Enrique le entregara el libro de historia a Zenda, convirtiéndose en el mejor amigo de ella como de Samantha. Esta vez se estaban preparando para su tercer año en la secundaria, pero el temor de Zenda y el entusiasmo de Samantha por el primer día de clases siempre era el mismo a pesar del tiempo transcurrido, por eso Enrique hizo la promesa de acompañarlas ambas chicas todos los inicios de año escolar, para evitar que terminaran discutiendo. -Chicas ya llegó Enrique para acompañarlas a la escuela- Federica trataba de apurar a sus hijas quienes demoraban escogiendo los cuadernos, bolsos y atuendos. Samantha bajó de prisa, llena de una alegría desbordante, con su cabellera rubia al viento, sus vivaces ojos verdes, sus jeans rotos y una camiseta celeste algo desteñida que dejaba al descubierto su ombligo; contrastaba con la timidez notoria, el cabello n***o, los ojos oscuros, el pantalón de drill color kaki y la blusa holgada de Zenda, diferencias que siempre hacían dudar a sus compañeros sobre su parentesco, es que nadie a excepción de Enrique sabían que eran adoptadas. Al llegar a la clase de aritmética, Zenda, Samantha y Enrique se sentaron al fondo del aula en los tres últimos asientos que se encontraban disponibles. Reafirmando lo que todos comentaban en la escuela: Eran un trio inseparable. Aunque a Zenda le hubiera gustado ser un dúo más que unido con Enrique. A la hora de almuerzo mientras Enrique reía de las ocurrencias de Samantha, Zenda lo observaba embelesada, y cuando su mirada chocaba con la de él, sentía que en ella se encendía un fuego interno, teniendo que bajar la mirada automáticamente. Por su parte, Enrique parecía adaptarse muy bien a ambas chicas. Cuando se dirigía a Zenda su tono al hablar era pausado, sin apuro, su trato con ella era caballeroso. Le pedía las cosas con un “por favor” y sonreía al hacerlo. Pero cuando tenía que compartir con Samantha, gritaba al hablar, se olvidaba por momentos de los modales y era muy directo al decir las cosas. Los meses transcurrieron, Samantha cada vez ampliaba más su círculo social, incluso pasó a formar parte del club de teatro, Enrique se perfilaba como uno de los mejores jugadores de básquet, que en sus tiempos libres revoloteaba con su patineta por todos lados y Zenda se consagraba como una de las estudiantes con las mejores calificaciones de la escuela. Sin embargo, a pesar de sus gustos e intereses tan distintos, los tres muchachos encontraban la forma de compartir tiempo juntos. Cosa que le gustaba más de la cuenta a Zenda. Ella sentía que podía pasar todo un día mirando la sonrisa de Enrique, los ojos de Enrique, el cabello de Enrique, pues él era alguien que la ponía de muy buen ánimo con tan solo tenerlo cerca. Y aunque no quería reconocerlo sentía algo de celos cuando Samantha realizaba planes con él, en los que a veces ella era excluida. Por eso, cuando Samantha a última hora canceló la visita al museo de historia, organizada para la realización de un proyecto de la escuela, por acompañar a Enrique a comprar unas ruedas nuevas para su patineta; se enfureció tanto que después de clases fue a recorrer las calles de Miramar sin rumbo fijo. Sentía el vibrar del celular, sabía que eran Samantha y la señora Smith pero no quería lidiar con ellas. Para intentar calmar ese sentimiento confuso que llevaba dentro, decidió ir a la biblioteca de la ciudad y leer algo sobre cultos antiguos. Le fascinaba aprender sobre los persas por la influencia de éstos en el país donde nació, pero también le llamaban mucho la atención los celtas. Y mientras se imaginaba a Samantha riendo junto a Enrique, decidió que debía hacer algo para poner fin a lo que sentía. Aunque no lo haya mencionado Enrique, era más que obvio que prefería pasar tiempo con Samantha y eso le causaba rabia. Pensó inicialmente en buscar algún ritual sobre el amor, pero cuando llego a los rituales celtas se encandiló con el rito a Ostara, la diosa celta de la primavera. Según los celtas, antiguamente creían que las personas que nacían el día que comenzaba la primavera, eran descendientes de Ostara y por lo tanto tenían la capacidad de realizar los cambios que quisieran, así como la naturaleza cambia y renace con la llegada de la primavera, solo tenían que recitar un pequeño poema a Ostara a la luz de una vela para transformar cualquier situación. Ella pensó que su abuela, cuando le hablaba de la celebración del Noruz, tenía razón en decir que era el tiempo en que así como renace una flor, pueden florecer los deseos de alguien y si según los celtas ella era descendiente de Ostara con más razón para que se le cumpla lo que quisiera. Sonrió para sus adentros, imaginándose el día de su cumpleaños realizando todo un ritual a Ostara para poder sacar de su mente a Enrique. Su celular volvió a vibrar, sintiéndose más tranquila, decidió contestar y cuando vio en la pantalla el nombre de Enrique, no encontró razón lógica, pero pensó, tal cual cuando lo conoció, que era una señal. –Aló- Contesto tímida. Al escuchar la voz desesperada de Enrique por saber dónde estaba, Zenda sintió que el corazón se le saldría en cualquier momento de lo fuerte que latía, le causaba emoción el saber que Enrique se preocupaba por ella. Respiro hondo y le dijo que estaba bien, comento que fue a la biblioteca a sacar información que no encontraba en internet y que en unos minutos iría a su casa. Sin saber por qué, al colgar sonreía con una alegría inusual. Cuando Zenda llegó a casa, la señora Smith casi la fusila con la mirada, se le veía tensa. Le recriminó por no haber contestado el teléfono. Zenda se justificó diciendo que lo tenía en vibrador porque había estado en la biblioteca y no lo escuchó. La señora Smith, no quiso oír más excusas y la envió a su dormitorio para que medite sobre su actitud. Zenda observó a Samantha, quién al igual que ella se encontraba confundida con el comportamiento de la señorita Smith. Siempre se había preocupado por ellas, pero nunca la habían visto tan ansiosa como aquella tarde. Para alivianar un poco el ambiente Samantha irrumpió diciendo: -Por favor hay que relajarnos, dentro de unos días llega la primavera y es el cumpleaños de Zenda. Además también será el estreno de la obra de teatro escolar donde actuare en el protagónico. La señorita Smith sonrió, abrazó a ambas chicas y pidió disculpas por su actitud. Realmente se había preocupado por Zenda, ya que ella no tenía costumbre de ir a algún lado sin avisar y había tanto loco suelto que temió lo peor. Zenda y Samantha la besaron cada una en una mejilla, luego la señorita Smith agregó:-Otra cosa que también se viene es el baile de primavera. Zenda agachó la mirada y susurró: -No pienso ir. La señorita Smith quiso convencerla pero Samantha a sabiendas de lo dificultoso que era para Zenda socializar, a decir verdad solo tenía de amigos a ella y Enrique, se apresuró a interrumpir a la señorita Smith alegando que ella tampoco iría, pues al parecer la organización se veía muy aburrida. Zenda sonrió amablemente a Samantha y se sintió culpable de haberse enfurecido con ella cuando se fue con Enrique, cuando en ese instante le estaba demostrando su cariño desinteresado, pues sabía muy bien que Samantha había esperado con ansias asistir a uno de esos bailes de escuela desde que estaba en el orfanato. Unos días después, mientras Zenda, sentada en uno de los jardines de la escuela, oía a su grupo de rock favorito, se aproximó Enrique y haciéndole una broma con el auricular se colocó a su lado para conversar un rato: - Esperas a Samantha que salga de su ensayo de teatro?. Zenda con las palpitaciones a mil, contestó: -Si, así regresamos juntas a casa. Enrique se acomodó, aproximándose un poco más a ella, para luego comentar: -Dentro de unos días cumples 15 años, no puedo creer que no quieras celebrarlo. Zenda intentando no sonrojarse al estar tan cerca de Enrique y tratando de hilvanar una oración coherente, le comentó que no le interesaba realizar una fiesta por su cumpleaños porque luego se aparecen personas que ni conoce solo por el hecho de divertirse. Ella creía firmemente que las personas que realmente te estiman, aparecen para compartir un momento contigo sin necesidad de tener bebidas alcohólicas o música estridente para estar contentos. Enrique se quedó observando a Zenda, mientras pensaba en lo madura que podía ser a pesar de ser una chiquilla al igual que él y se le vino a la mente el recuerdo cuando encontró su libro de historia, cuando leyó los apuntes de Zenda, supo que ella no era como cualquier chica. Por su lado, Zenda al tener la mirada de Enrique sobre ella, sintió que se desvanecía poco a poco, así que rápidamente acotó que por esa misma razón no asistiría al baile de primavera, porque no le veía un fin comprensible para celebrar. Enrique se sorprendió al escucharla y le dijo: -Vaya pensé que al saber que Samantha y yo iríamos, también te animarías. Incluso iba a decirle a Joshua, el chico que va con nosotros en la clase de ciencias, para que te acompañe. Siempre que me ve pregunta por ti. Zenda se quedó sin poder decir palabra alguna. Si sus oídos no le fallaban, había escuchado bien. Enrique iría al baile de primavera con Samantha. No sabía que le enojaba más: Que Samantha le haya dado la espalda o que Enrique haya invitado a Samantha y no a ella. Como sea, estaba furiosa. Cogió su bolso, se despidió de Enrique con un escueto: -Nos vemos luego. Se disponía a retirarse cuando apareció Samantha con una sonrisa de oreja a oreja, saludando a gritos:-¡Hola chicos¡. Zenda la vio pero no se detuvo. Samantha extrañada quiso acercarse y Enrique la interceptó diciéndole: -Definitivamente Zenda no quiere ir al baile de primavera. Le comenté que iríamos juntos y que ella podría ir con Joshua pero parece que la idea no le agradó mucho. Samantha cayó en la cuenta: Zenda se había resentido con ella, al romper el pacto de no asistir al baile y evitar que la señorita Smith insistiera en que socialice. Se despidió rápidamente de Enrique y fue tras su hermana, debía explicarle. Sin embargo Zenda ya había sacado ventaja en el camino hacia la casa.
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