El domingo por la mañana Zenda se levantó al escuchar el timbre de su celular. Era Enrique, se puso de pie y antes de contestar se fue a ver al espejo, luego empezó a reír al darse cuenta que solo oiría su voz.
-Buenos días, quería saber cómo habías amanecido. Enrique saludaba a Zenda y ésta al escucharlo sentía una extraña sensación en el estómago, recordó aquella frase que oyó decir alguna vez a Samantha cuando hablaron del amor: “Cuando estas enamorada sientes mariposas revolotear en la barriga”. Zenda entre risitas disforzadas comentó a Enrique que estaba bien, pues soñó que estaba bajo las estrellas con él. Luego de casi treinta minutos de estar hablando Enrique se despidió con un “te quiero” y Zenda volvió a sentir ese vacío estomacal. Al ir hacia la ducha, Zenda dudó en ingresar, pues aun sentía el olor de Enrique impregnada en ella y no quería dejar ir esa sensación de ser parte de él.
Se ducho y vistió con ropa deportiva, tenía pensado ayudar a la señorita Smith en el jardín y por la tarde prepararía galletas, se encontraba de muy buen humor. Al ver su celular sobre la cama, sin saber porque tuvo la necesidad de llamar a Samantha. Decidió contarle lo sucedido con Enrique, no le pareció justo ocultárselo así no esté presente. Marcó el número de Samantha y al cabo de unos segundos ella contestó de mala gana: -Qué quieres Zenda.
Zenda se encontraba nerviosa, Samantha fue siempre muy cercana a Enrique y por alguna razón sentía que la había traicionado. Tragó un poco de saliva y trató de escucharse lo más natural posible: -Sam, te llamaba porque quería contarte que Enrique se me declaró… Zenda perdió la ilación de su conversación cuando Samantha expuso su punto de vista: - Zenda lo que hagas con Enrique me tiene sin cuidado. Lo único que me importa en estos momentos es recuperar todo lo que no viví con mis padres. Por eso he decidido mudarme con ellos al sur del Estado. Podrías comunicárselo a la mentirosa esa. El tu tu, de la línea en el celular afirmaba que Samantha había colgado, pero Zenda seguía con el móvil pegado a la oreja. Le era sumamente difícil aceptar la actitud de Samantha, hasta el punto de referirse a la señorita Smith como una embustera. Sabía que si le daba aquella noticia a la señorita Smith, ésta se derrumbaría por completo y ella no podía permitirlo. Decidió engañarla, las famosas mentiras blancas dijo para sus adentros.
-Zenda no piensas desayunar. La voz de la señorita Smith sacó a Zenda de sus pensamientos, trato de no darle más vuelta al asunto. Desayunaría con la señorita Smith y la mantendría ocupada con todas las actividades que había planeado, sería lo mejor.
A la mañana siguiente. Zenda se levantó muy temprano. Se pasó más de una hora frente al espejo tratando de elegir una blusa que la hiciera lucir diferente. No quería reconocerlo pero en el fondo buscaba verse atractiva incluso hasta sexy para Enrique. Se sonrojo al pensar en cómo provocarlo con su atuendo, tal como lo hizo en la noche del baile. Finalmente decidió por vestir un pantalón marrón con una blusa rosada que Samantha le había obsequiado un año atrás. Soltó su larga cabellera oscura y rizó sus pestañas.
-Luces muy bonita hoy Zenda. La señorita Smith, saludaba con una sonrisa a su hija adoptiva mientras le servía una taza con avena. Zenda solo sonrió, desayuno y le dio un beso en la frente a modo de despedida. Antes de retirarse cogió un par de galletas con chispas de chocolate que había preparado la noche anterior para echarlas en una pequeña bolsa de papel. Al ser descubierta por la señorita Smith, inquieta le dijo: -Me provocó. La señorita Smith solo se limitó a sonreír.
Zenda caminaba cuesta abajo desde su casa. Tres cuadras después, su caminar se hizo lento, miraba a ambos lados como si buscara algo o a alguien. Se quedó de pie unos minutos junto a una señal de tránsito, examinó su reloj y al darse cuenta que estaba con el tiempo justo, frunció el ceño. Apretó los puños y apresuró su andar. Quería llorar pero respiro hondo para no dejar caer ni una lágrima. Se sentía una completa idiota al haber caído redondita ante Enrique. Fue muy tonta en creer que la esperaría para ir juntos a la escuela. Cegada por el engaño no reparó en cruzar una avenida sin fijarse en la luz del semáforo. Iba a ser embestida por una camioneta si no hubiese sido rescatada por Enrique, quien de un tirón la colocó junto a su torso para encararle:-Espero ser yo quien te tenía tan distraída. Zenda trato de zafarse de él, pero todo intento fue en vano. Enrique no la soltaba, rendida decidió enfrentarse a él:-¡Para que me quieres cerca de ti, si no eres de capaz de ir a mi lado a la escuela!. Al decir esto Zenda notó que se le entrecortaba la voz. Decidió mirar hacia un extremo para que Enrique no notara sus ganas de deshacerse en lágrimas. Él la abrazo dulcemente, busco su mirada y susurro:- Disculpa, quería hacerte una broma. Te espere y al verte llegar me escondí para sorprenderte por detrás. Zenda como una pequeña engreída balbuceó:-Eres un tonto. Y se echó a reír. Enrique tomó su mano y enrumbaron a la escuela. Antes de ingresar a clases, Zenda se colocó de puntitas para darle un beso en la mejilla y le entregó la bolsa con las galletas de chispas de chocolate. Luego le dijo: -Nos vemos a la hora de almuerzo, y se fue corriendo a su aula. Enrique se quedó encantado, era la primera vez que una chica le regalaba algo.
-Así que primero me endulzas con tus galletas y luego me rechazas. Enrique en un intento de convencer a Zenda apelaba al chantaje sentimental. Zenda entre risas meneaba la cabeza de un lado a otro para luego agregar:-Es tu castigo por hacerme sufrir en la mañana. Además ya habíamos acordado desde hace unas semanas que hoy iríamos a la casa de Joshua para terminar la maqueta para la exposición de ciencias, así que por más que querramos no podemos ir a pasear al lago después de clases. Enrique se aproximó hacia ella, le retiro el cabello del lado derecho de su rostro y le murmullo al oído:-Ok, pero queda pendiente nuestro paseo al lago.
Zenda intentó hacer caso omiso a la electricidad que le recorría por el cuerpo cuando Enrique le hablaba de tal manera y tratando de calmar el motín hormonal provocado, decidió cambiar de tema comentándole a Enrique lo que Samantha le informó el día anterior y lo que ella había decidido hacer respecto a la señorita Smith.
-Zenda siempre he admirado tu madurez e inteligencia, pero engañar a tu madre haciéndole creer que Samantha se comunica contigo contándote que está bien y que está pensando en volver, no creo que sea lo más sensato que se te haya ocurrido. Enrique trataba de ser razonable, pero Zenda estaba decidida en no provocarle la muerte por pena a la señora Smith si le contaba toda la verdad. Así que la mantendría calmada por un tiempo mientras trataba de convencer a Samantha de que regresara.
El timbre de la escuela anunciaba que debían volver a estudiar. Enrique tenía práctica de básquet luego de clases, pero no quería que Zenda se adelantara en ir a la casa de Joshua pues estaría un par de horas a solas con él y sabía de la atracción que sentía Joshua por Zenda. Así que persuadió a Zenda para que mientras el terminaba de entrenar, ella avanzara con las tareas pendientes en la biblioteca, para luego ir juntos a la casa de Joshua. De esa manera no tendría que haceres escolares por hacer y podrían salir el fin de semana. Zenda aprovechó en repasar algunas materias y avanzar con el resumen de la obra que tenían que leer en literatura. Antes de retirarse, recordó el día en que fue a la biblioteca de la ciudad sin previo aviso, preocupando a medio mundo por sus cuatro horas de desaparición. Rememoro también el ritual de Ostara y un pavor injustificado se apodero de ella, al pensar que tal vez todo lo que estaba viviendo con Enrique era a causa de ese ritual declamado en silencio al momento de soplar las velas en su cumpleaños. Abrió su mochila para guardar sus apuntes y cayó un dibujo de un girasol, trayendo al presente la frase que Enrique dijo en el baile de primavera: “Si no me importaras no recordaría que te gustan los leones y que siempre dibujas un girasol cuando estas feliz”. Y él le regaló un león y un girasol antes de que soplara las velas, antes de que aclamara a Ostara, por lo que concluyó que los sentimientos de Enrique hacia ella no tenían relación alguna con su deseo de cumpleaños. Dejó de lado tanta confusión, envió un mensaje a la señorita Smith indicándole que iría a la casa de Joshua a terminar la maqueta de ciencias, no quería preocuparla y fue a darle el encuentro a Enrique. Al llegar al complejo deportivo se sentó en una esquina. Enrique aun no terminaba de jugar. Desde la cancha alzo la mano para saludarla, ella sonrió. Era la única persona externa al equipo de básquet ahí, por eso cuando Enrique se sacó la camiseta empapada de sudor y se le acercó para darle un beso, más de una mirada se posó sobre ella, terminando abochornada.
Zenda espero a que Enrique terminara de ducharse para luego ir donde Joshua. Demoraron un poco en llegar dado que Enrique decidió enseñarle a Zenda a montar la patineta. Cuando llegaron donde Joshua, este no estaba de muy buen humor, no por el hecho que se hayan demorado sino porque detestaba saber que la demora de ambos se debía a que habían estado disfrutando tiempo juntos. Sin embargo a la hora de la realización del trabajo de ciencias, Enrique y Joshua, dejaron a un lado rivalidades y decidieron trabajar armoniosamente, ninguno quería lucir mal ante Zenda.
-¡Quedo estupenda, nuestra maqueta¡ Ahora solo basta lucirnos en la exposición y sacaremos la mejor nota de todo el grupo. Zenda sonreía satisfecha con el trabajo realizado, Joshua la observaba, Enrique al percatarse de ello, decidió no compartir esa sonrisa con él, poniéndose de pie para exclamar: -Joshua te agradecemos el haber prestado tu casa para nuestra reunión de estudio, pero ya debemos retirarnos. La mamá de Zenda es muy estricta con los horarios. Zenda trató de objetar pero Enrique se apresuró y se despidió de Joshua, tomando la mano derecha de Zenda invitándola a retirarse.
Al salir de la casa de Joshua, Zenda le recriminó el comportamiento tan extraño que tuvo. Enrique no quería delatarse como un novio celoso, así que no tuvo mejor idea que excusarse con una invitación:-No lo tomes a mal, moría de hambre y quería compartir contigo unas malteadas antes de ir a tu casa. Se quedó mirando a Zenda con esos ojos café que la deslumbraban tanto hasta el punto que si Enrique le dijese que quería llevarla a comer cucarachas, Zenda lo aceptaría sin chistar. Cuando estaban en la fuente de soda, Zenda aprovechó el momento en que Enrique fue a lavarse las manos para enviarle un mensaje a Samantha. Le preguntó si ya se había mudado y si pensaba regresar. Le dijo que la extrañaba. Samantha la dejo en visto sin responder palabra alguna.
De regreso a casa de Zenda, Enrique insistió en las clases de montar patineta con Zenda, esta vez le fue mejor. Ambos se abrazaron del logro obtenido por ella y se quedaron así juntos por unos minutos. A Enrique le fascinaba el olor del cabello de Zenda, sentir su rostro sobre su pecho. Para Zenda no había mejor momento que el estar entre los brazos de él, era un regocijo del que nunca quería apartarse.
Esa noche antes de irse a dormir, Zenda decidió colocar la alarma de su móvil para despertar más temprano, había quedado con Enrique en encontrarse antes de las clases para practicar con la patineta. Al momento de hacerlo cayó en la cuenta que Samantha le había respondido: -Mañana llegamos a mi nuevo hogar. Aun no sé si regresare, quiero ver cómo me va con mis papás. No mientas Zenda, con novio nuevo no creo que tengas tiempo de extrañarme. Zenda al leer los mensajes de Samantha, entro en desesperación. Tal vez contarle a Samantha sobre Enrique, fue el pretexto que su hermana necesitaba para no querer volver. Sintió un arcano remordimiento. Marcó el número de Samantha pero ella no contestó. Luego de unos minutos Samantha escribió: No quiero hablar, estoy cansada.
Zenda se pasó toda la noche enviando mensajes a Samantha. Insistía en decirle que si la extrañaba, que era su hermana, que lo que sentía por Enrique era diferente. Necesitaba que ella estuviese ahí, que no quería que se vaya. Hasta le rogó para que regrese, pero Samantha no respondió ni uno solo de los más de veinte mensajes que Zenda envió.
A la mañana siguiente, Zenda salió muy temprano de su casa. Con la justas bebió un poco de leche, se sentía fatal. Dejo una nota a la señorita Smith indicándole que había quedado en encontrarse con Enrique temprano para repasar la exposición de ciencias. Antes que Zenda se encontrara con Enrique, la señorita Smith la llamó: -Vi tu nota pero igual quería cerciorarme si habías desayunado. Zenda comento que bebió leche. Hubo un silencio entre las dos, luego la señorita Smith agregó: -Zenda has hablado últimamente con Sam?. Zenda se tragó un sollozo para luego agregar: -Si, ayer me envió un mensaje. Está bien no te preocupes, realizara un paseo más y volverá. La señorita Smith se despidió, mientras que Zenda se secaba las lágrimas. No le gustaba mentir, no le gustaba que Samantha no este con ella y no le gustaba estar contenta con Enrique cuando su madre y su hermana estaban sufriendo.
-Adivina quién soy?. Enrique entusiasta de tener cerca a Zenda se aproximó por detrás de ella, para taparle los ojos, jugando al acertijo. Zenda tomó las manos de Enrique suavemente y se envolvió en ellas, necesitaba sentirse querida. Enrique supo que Zenda estaba triste, la acurrucó junto a él y jugó con su cabello, luego le dijo:-Zenda acá me tienes para lo que necesites.
Zenda sacó su celular y le enseñó los mensajes de Samantha. No quería ser la excusa para que su hermana no regresara. Enrique miró fijamente a Zenda y le dijo: -Samantha esta confundida. Por eso responde así. Yo las quiero a ambas pero de manera distinta y Samantha siempre lo supo. Yo se lo dije en más de una ocasión, ella siempre supo que tú me gustabas, siempre le pedí consejos para poder acercarme a ti.
Zenda quedó más confundida que antes, si era cierto lo que Enrique decía, entonces porque Samantha nunca le dijo palabra alguna. Tal vez a Samantha también le gustaba Enrique, nunca habían hablado de él en esos términos, ni siquiera en el cuarto de los secretos. Recordó cuando Samantha le preguntó si había alguien que le gustaba, a lo que Zenda dijo que si y cuando ella le devolvió la pregunta, Samantha dijo que ella no tenía tiempo para esas boberías. Enrique cogió a Zenda por ambas manos y reanimándola para que saliera de sus pensamientos le dijo: -Deja ya de dar tanta vuelta en tu cabeza. Tú me gustas, yo te gusto y somos felices juntos, no podemos decidir sobre los sentimientos de otros. En lo que no estoy de acuerdo es que le mientas a tu mamá, dile que Samantha piensa mudarse y no sabe si volverá. Ella sabrá que hacer ante esa situación. Legalmente los padres de Samantha no pueden llevársela, así ella quiera.
Zenda, le dio un beso a Enrique. Luego acarició su rostro y le dijo:-Eres el mejor, gracias por solucionar todo. Entre risas se fueron a la escuela turnándose el uso de la patineta.
Enrique tuvo razón, cuando Zenda regresó de la escuela por la tarde y le contó a la señorita Smith los planes de Samantha, ella decidió que iría por la vía legal, llamando inmediatamente al abogado y a la señora Montiagudo para que la contacte con servicios policiales de menores. Zenda recostada en su cama, decidió enviarle un nuevo mensaje a Samantha: -Sam, no importa si me crees o no, pero si te extraño y te quiero. Recuerdas cuando me preguntaste en el cuarto de los secretos si me gustaba alguien y te respondí que sí. Pues ese alguien era Enrique. No sé si a ti también te gustaba, pues nunca hablamos de eso. Pero a mí me gusto desde el primer día que lo vi en clases. Reconozco que en más de una ocasión renegué contra ti por los acercamientos que tenías con él, pero eso no quiere decir que no te quiera. Espero sinceramente que regreses hermana.
Pese a todo pronóstico, Samantha esa noche respondió a Zenda : -Yo también te quiero y extraño, pero no pienso regresar. Zenda al ver el mensaje de Sam, marcó inmediatamente su número, pero salía un mensaje de la grabadora: “El número que usted ha marcado esta fuera de servicio”. Al parecer Samantha había desactivado el chip del móvil.