Señora […] Rosario camino lentamente hacía Cristina, quien al ver el movimiento de la mujer abrazo con un poco más de fuerza a su bebe. —¿Qué hace? —preguntó tratando de que su voz no temblara. No entendía el comportamiento de la mujer, sus ojos estaban cristalinos. —Cristina —Rosario tenía una opresión en el pecho era tan fuerte que el aire empezaba a faltar en sus pulmones, sus ojos permanecían sobre la marca de nacimiento de su hija. Si era su hija no podía seguir negándose a la verdad. Las emociones atravesaban su frágil corazón ahí frente a sus ojos estaba la única razón por la que habría sido feliz. Se acercó hasta fijarse en el pequeño niño aferrado al seno de su madre la cadena y la pequeña medalla sobresalía por encima de la manta. Sus lágrimas corrieron asustando a Cristina.

