La risa de Julieta se escuchó en el viejo y sucio cuarto. Su situación no era la mejor pero tampoco iba a dar nada sin tener la seguridad de que Rosario la dejará marcharse. —No será así de fácil primero tendrás que dejarme libre —Rosario sonrió. La una sonrisa fría, calculadora, una sonrisa de quien sabía que tenía el mango del sartén en sus manos. —Julieta, Julieta. Nunca saldrás con vida de este lugar si continúas tratando de negociar tu vida. La policía estuvo aquí haciendo averiguaciones sobre ti, se fueron como llegaron nunca van a encontrarte. Sin embargo estoy muy cerca de encontrarla así que puedes llevarte el secreto a la tumba —Rosario se giró para salir del lugar. Nada ni nadie iba a arruinar su momento —¡Espera! No me dejes aquí, te diré todo lo que quieras saber ¡Rosario!

