Hoy era el gran día para Enzo y para mí. Finalmente íbamos a celebrar nuestra boda tan esperada. Todas nuestras familias estaban de regreso en Los Ángeles, y Enzo incluso había invitado a su primo, a quien conocería por primera vez hoy. Me hubiera gustado conocerlo antes, pero Enzo lo había echado de casa la noche del bautizo de los niños. Nos casamos en la playa. Desde pequeña soñaba con casarme frente al mar. Juntos, habíamos elegido el mismo tramo de playa donde tuvimos nuestra primera cita "oficial". Así que este lugar tenía otro significado maravilloso. Jamás en la vida podría olvidar este rincón. Ahora estaba sentada con Yara y Patty en una enorme limusina blanca que Enzo había alquilado para llevarnos a la playa. Mi vestido ocupaba el espacio de al menos tres personas, pero,

