Osos
Wen caminaba de regreso hacia la orilla del rio desde el bosque donde había recogido algunas nueces que le había quitado a unas ardillas en el hueco de un árbol. Un gruñido hizo que todos sus sentidos se pusieran en alerta. Björn estaba en el agua en el borde del rio mientras un oso se acercaba a unos cincuenta metros. Debía haber olido el pescado apoyado en la roca y eso lo había llevado directamente hacia ellos. La joven caminó unos pasos, pero las ramas a sus pies llamaron la atención del hombre.
- Quédate donde estás - le dijo extendiendo la mano hacia adelante sin apartar de su vista al oso que resoplaba frente a él - Tomará el pescado y se marchará.
- Es una hembra - le dijo la joven a su vez - Debe tener cachorros cerca. Será más impredecible. Tienes que salir de allí.
- ¿Y qué se te ocurre? - se burló dando unos pasos hacia atrás.
- Trata de calmarla con tus habilidades. - le dijo acercándose unos pasos, pero el animal la observó fijamente gruñéndole en advertencia.
- Si te sigues moviendo, nos atacará. - le dijo con urgencia Björn - No puedo concentrarme si no te quedas quieta.
- Vaya que mandón. - le dijo deteniéndose por completo.
- Bien hecho - dijo el guía agradecido, moviéndose hacia la orilla para poder salir del agua alejándose de los pescados. Pero no esperaba que los cachorros de la mamá oso aparecieran a su lado desde tras de los arbustos y llamaran a su madre asustados por su presencia…
Todo sucedió en unos instantes, sin darles tiempo a reaccionar. La madre, avanzó amenazante hacia Björn en un intento de proteger a sus cachorros en tanto el guía activaba sus poderes para neutralizar el dolor que iba a sentir por el golpe en tanto protegía su cara con los brazos. Al mismo tiempo, Wen corrió hacia él desplegando una barrera entre ellos y el animal antes de que la garra del oso alcanzara al hombre. Observó como el oso rugía molesto por no poder llegar a sus cachorros y que Björn se incorporaba a su lado
- La barrera no aguantará. - le gritó entre el ruido - Saca a los cachorros y entrégaselos.
- ¿Quieres que haga qué? - le preguntó frenético.
- Hazlo, - le gritó - empújalos hacia ella. Qué los vea. - lo vio dudar - Imagina que son osos de peluche y tómalos.
El hombre la miró como si estuviera loca. Luego observó a los dos cachorros, los que debían pesar alrededor de quince kilos con colmillos afilados a pesar de ser tan pequeños.
- Demonios, guía - le gritó al ver que la madre se paraba en dos patas pareciendo más intimidante - Ya no… - vio cómo el hombre tomaba a uno de ellos por detrás y lo empujaba fuera de la barrera hacia la madre. Está se detuvo para ver que estaba bien, pero no dejó de gruñir al escuchar al cachorro que aún estaba parado junto al arbusto, volvió a levantarse en dos patas caminando hacia ellos - ¡Björn! - gritó antes de que la osa golpeara la barrera empujando a Wen hacia atrás, arrojándola varios metros.
Björn observó angustiado a la joven, la que permaneció inmóvil después de caer. Por un momento dudó en ir por ella y dejar al cachorro, pero reaccionó empujando al pequeño rezagado hacia su madre quien los miró, resoplando para luego girarse y alejarse para ir por los pescados en la roca y comérselos junto a sus hijos. Mientras lo hacían, el guía permaneció agachado cerca del arbusto pasando su mirada de la bestia a la mujer la que no se movía. No podía ver su rostro porque estaba boca abajo y lo suficientemente lejos como para distinguir si respiraba.
Se quedó quieto por lo que parecieron horas antes de que la madre y los cachorros se adentraran en el bosque. Una vez que ya no los escuchó, corrió hacia la mujer y la giró para ver su rostro. Aún estaba viva, pero tenía una herida en el bajo vientre, cerca de la cadera. No parecía profunda, pero podría infectarse si no la trataba. Miró hacia donde debía estar su parka y la mochila y, respiró aliviado de que por lo menos, la mochila estuviera donde la había dejado. Corrió a buscarla para regresar con Wen en tanto recorría el entorno con la mirada tratando de encontrar algo que sirviera de refugio hasta que, a unos doscientos metros vio lo que parecía ser rocas sobrepuestas lo suficientemente grandes para permitirles quedarse bajo ellas. Parecían rocas que se desprendieron cuando la nieve se descongeló en temporadas anteriores y bajaron con el caudal del rio hasta ese lugar. No eran como la grieta donde habían dormido anoche, pero serviría.
Björn colocó su mochila en su espalda mientras tomaba a Wen en brazos mientras buscaba un lugar con el agua más baja para poder cruzar a la otra orilla. Caer al agua no era una opción para ambos y menos con una herida abierta. Recorrió un trecho siguiendo por la orilla hasta que se encontró con unos troncos que disminuían la corriente al otro lado y agradeció la suerte que tenían. Se metió con cuidado, caminando con el agua hasta las rodillas tanteando con el pie antes de dar el paso.
- Treinta pasos, - dijo en voz alta para Wen - solo treinta pasos y estaremos al otro lado.
Lentamente, avanzó entre rocas y fango en el agua helada. La nieve marcaba la orilla contrastando con el agua que fluía. Dio el último paso y dejó a la joven sobre la nieve para sentarse, necesitaba descansar. La tensión y el esfuerzo de caminar a contracorriente en agua helada no fue menor.
Después de un rato, se paró en la orilla y tomó a la mujer en brazos de nuevo para llegar al refugio improvisado. Una roca apoyada en la otra permitía una inclinación que creaba un espacio lo suficientemente alto como para entrar agachados, con una profundidad que permitiría a tres personas sentadas lado a lado.
Dejó a Wen apoyada en el costado de la entrada mientras movía rocas y escombros para despejar la abertura. No había salida al final, posiblemente a causa de rocas, troncos y tierra acumulada. No parecía ser refugio de animales o haber sido usada por personas. Aún estaban lejos de la ciudad o cerca de los límites del bosque. Estaban en medio de la nada. Con rapidez tomó una rama y barrió la tierra en el interior para luego sacarse la chaqueta y ponerla como base antes de tomar a Wen y acostarla con la espalda apoyada en la roca lo más inclinada posible para poder revisar su herida.
Björn buscó en su mochila un kit de primeros auxilios y lo usó para tratar la herida, quedándose arrodillado a su lado cuando terminó, poniendo la mano sobre ella y cerrando los ojos, activando su energía para cubrirla y concentrarla en su mano
- Por favor - suplicó en voz alta - Si es mi compañera, déjame ayudarla a sanar.
El SICOM permitía que el guía acelerara la regeneración celular de su esper permitiendo la cicatrización por lo que las lesiones se curaban en menos tiempo. Era un beneficio que varias instituciones usaban cuando la pareja trabajaba junta. El esper podía ser herido, pero si su guía estaba a su lado, el tiempo de recuperación se acortaba exponencialmente, casi siendo considerado como “milagroso” por los Norm.
Cuando terminó, dejó caer la mano junto a su rodilla, agotado, pero sonrió cuando observó como el tejido se cerraba. Esperaría a que despertara, en tanto, usaría sus poderes para disminuir el dolor. Estaba atardeciendo y no llevaba parka. La temperatura bajaría y no estaba seguro de poder tolerar el frío.