Wen
"Oh, mierda, me duele todo," pensó Wen al sentir que el cuerpo le dolía como si la hubiese chocado un camión. Lo último que recordaba era tener a la osa de pie frente a ella y a Björn arrastrando al cachorro hacia la madre. Luego la vio abalanzarse hacia ella y todo se puso n***o. Ahora se encontraba con una roca sobre su cabeza al tiempo de que estaba semi acostada sobre una pieza similar. Su parka estaba abierta y con tierra y a su lado el guía sólo con su chaqueta, sucio y desaliñado recostado junto a su mochila. Debía haberla cargado hasta ese refugio improvisado.
La joven miró hacia afuera donde la noche ya había caído acompañada de la nieve helada. Sus habilidades la protegían, pero Björn debía estar congelándose. Se incorporó con rapidez levantando una barrera en la entrada y creando esferas que dejó atrás de ellos y a un costado. Se acercó al joven con el corazón en la boca y lo tocó con cuidado, estaba helado, pero aun vivo. Usó toda su fuerza para acomodarlo mejor y se sacó la pieza de ropa para cubrirlo. Ella era pequeña en comparación al metro ochenta y cinco del guía por lo que no iba a hacer diferencia alguna. Dobló la chaqueta y la puso tras su cabeza para que estuviera mas cómodo al tiempo que se sentaba a horcajadas sobre él y lo rodeaba con los brazos creando estelas de calor para aumentar su temperatura. Sus ojos y antebrazos brillaron mientras se concentraba en calentar el cuerpo del hombre al que abrazaba.
Las emociones la ayudaron a concentrar todo su poder en cuidar y proteger al guía que le había enseñado que guiar no era una tortura. La había salvado en el río y había aceptado llevarla con su madre, aunque pudiese meterse en problemas por ello. Se sentía agradecida y sorprendida de que un guía pudiese ser amable con ella. Sólo tenía la experiencia del encargado del centro de entrenamiento. Un guía viejo, que había abusado de ella a los quince años cuando no obtuvo compatibilidad con un guía. Con la excusa de ayudarla a controlar sus poderes la había tocado y manoseado hasta que la violó a los dieciséis. El uso de sus habilidades para controlarla, le generaba tanto dolor que había aprendido que, si un guía la tocaba iba a pasar por el mismo sufrimiento y eso la hizo desarrollar una resistencia al toque del guía con una reacción física conocida como “rechazo”. No solo era como una descarga eléctrica para ella, era tan intenso que la paralizaba por completo.
En ese momento, en tanto apoyada la cabeza en el pecho del guía escuchando sus latidos, decidió que no iba a dejar que este guía tuviera dificultades por ella y lo protegería para llevarlo de regreso a la Cúpula a salvo, de regreso a su casa tal como lo deseaba.
Björn
El guía se movió inquieto, acalambrado por la posición. Tenía calor a pesar de sentir que se estaba congelando antes de desmayarse. Deslizó las manos sobre lo que aferraba para darse cuenta de que delineaba la cintura de alguien. La piel era suave y tersa. Abrió los ojos, sorprendido para ver a Wen profundamente dormida a horcajadas sobre él apoyando plácidamente la cabeza en su pecho. Tenía los labios entreabiertos y sus pestañas ensombrecían sus mejillas dándole un aspecto infantil. Sus pechos se aplastaban contra su torso bajo las camisetas delgadas. Podía sentirla.
Björn se mantuvo inmóvil, con los ojos cerrados, deslizando sólo la yema de sus dedos sobre la piel de su espalda bajo la tela, a un ritmo lento como si estuviera torturándose a sí mismo. La necesidad de tocarla se había intensificado después de verla herida en el río. Si esta necesidad se mantenía, no duraría mucho hasta consumar la conexión del vínculo. No quería que ella se hiciera falsas expectativas si el mismo no sabía qué decisión tomar. No quería lastimarla.
Sintió como Wen restregaba su nariz contra su pecho al despertar. La escuchó suspirar cuando advirtió las caricias en su espalda.
- ¿Estás bien? - le preguntó buscando su mirada.
- Si. - le dijo con voz ronca - Gracias por hacerme entrar en calor - Casi se rio de sí mismo al escucharse. No había sonado nada bien.
- Me alegro - dijo moviéndose, liberándolo de su peso y el guía se tensó, extrañando su calor.
Björn la observó moverse en el espacio reducido sin considerar que estaba herida.
- Siéntate - le dijo de repente haciéndola girar para mirarlo y la vio ponerse tensa cuando él se enderezó para afirmarla del brazo - Acuéstate - ordenó.
- ¿Por qué? - preguntó nerviosa. Los recuerdos del guía del centro se agolparon en su mente.
- Necesito comprobar tu herida. - dijo mientras el pulso de Wen saltaba en su cuello.
- ¿Estoy herida? - le preguntó tocando sus brazos y pecho para revisarse.
- Acuéstate. - le ordenó con firmeza haciendo que la joven obedeciera en el acto - No pude verla bien anoche y necesito saber si debo tratarla de nuevo.
Wen se mantuvo quieta cuando Björn levantó su camiseta y abrió sus jeans para poder ver el sitio. La joven abrió la boca asombrada cuando pudo ver una cicatriz en la parte baja de su abdomen cerca del hueso de la cadera.
- ¿Sientes dolor? - le preguntó el joven con los ojos brillando intensamente tratando de controlar las estelas de llamada.
- No. - le contestó conteniendo la respiración cuando el joven recorrió la cicatriz con los dedos, enviando una corriente eléctrica por su cuerpo la que le erizó los vellos de la nuca.
Por un momento, el hombre se le quedó viendo, como en trance hasta que lo vio tomar el borde de sus jeans y tirar de ellos para bajarlos y se detuvo justo por encima de su entrepierna
- Había otra herida aquí. - su voz sonó rasposa y ronca cuando revisó la herida, ya cerrada - Cicatrizó bien. - le dijo girando sobre si mismo para comenzar a ordenar la mochila sin mirarla.
Wen asintió mientras se arreglaba y se ponía la parka, desconcertada por su actitud.
Los ojos de Björn seguían brillando cuando salieron del refugio. ¿Era una característica de él o a todos los guías les pasaba eso?, se preguntó.
- Tenemos que avanzar rápido y bajar a la carretera. No duraremos otra noche sin comida y abrigo. - le dijo el guía mirándola con el ceño fruncido - A menos que encontremos una cabaña de cazadores. No tengo señalamiento alguno en el mapa. Sería una aguja en un pajar.
- Hay una a seis kilómetros. - le dijo mirando a su alrededor para orientarse - Es la última antes de llegar a la carretera que lleva a la ciudad o la primera si vienes al bosque.
- Veo que conoces el camino. - le dijo con una sonrisa renovada - Te sigo.
Y ambos comenzaron la marcha a través del paisaje nevado.