Inesperada ausencia
La doctora tomó el control de la situación cuando la enfermera se sintió confundida por esa reacción de Ethan que ella asumió como la reacción de un padre que no quiere asumir su responsabilidad en un embarazo no deseado. La doctora con mucho tacto le hizo guardar silencio mientras yo me quedaba completamente desolada y sin ser capaz de articular una mínima explicación.
La noticia había llegado para romper por completo cualquier viso de paz a la que yo pudiese aferrarme en medio de mi angustia. Aquella noticia era definitivamente una que tenía el potencial de distorsionar mi realidad más allá de lo que en ese momento yo pudiera ser capaz de procesar, tanto así que tardé bastante en entender el significado y las implicaciones de todo aquello, llegando en un momento a considerar que todo se trataba de una broma de mal gusto, pero no, el asunto era real y tarde o temprano iba a tener que comenzar a sopesar en las preguntas lógicas que se derivarían de esa revelación.
―Él no es el padre ―le dijo la doctora con disimulo y mucha educación cuando la enfermera había asumido erróneamente que Ethan era el padre de la criatura que ahora se suponía que estaba dentro de mí.
Mi vida, después de haber sucumbido a las amenazas del dúo que me arruinó la vida, se centró exclusivamente en David y en todo lo que tenía que ver con esa nuestra segunda oportunidad en el pueblo. Yo había iniciado un pequeño negocio de chucherías y menudencias con el que había logrado multiplicar un pequeño capital que había dispuesto para ello, por lo que no tenía tiempo para absolutamente nada más y mucho menos para pensar en la cabida de otro hombre en mi vida. Después del señor Cavill no podía existir otro hombre en mi vida, aquello me resultaba sencillamente impensable, por lo que la respuesta era lógica y las implicaciones daban mucho para pensar: El padre era el señor Cavill y para esa fecha ya debía tener al menos dos meses de gestación.
Por supuesto que yo había notado el retraso de mi periodo, pero lo había considerado, como en el pasado, como una consecuencia de mis angustias emocionales. Lo que si me sorprendía de todo el asunto era la mentira que él me había dicho, pues en los días que compartimos la cama le comuniqué mi preocupación respecto a la posibilidad de un embarazo, pero él me aseguró que aquello era imposible, pues él se tomaba en serio la responsabilidad de su descendencia por lo que tomaba medicamentos para evitar correr algún riesgo de ese tipo. Según me llegó a contar, alguna de tantas chicas que estuvieron a su lado intentaron hacerle la jugada de quedarse embarazadas sin su consentimiento, por lo que al final terminó decidiendo no dejar una situación tan delicada a la merced de la otra persona y prefirió asumirlo bajo su responsabilidad.
Mi mente era ese barullo de confusión y desacierto mientras recordaba todo esto e intentaba darle una explicación coherente a mi situación. No había manera de volver en el tiempo y descubrir el momento exacto en el que aquello había ocurrido, pero podía recordar con lujo de detalles que las ocasiones posibles habían sido varias.
La enfermera se quedó estupefacta y sorprendida por el giro de aquella revelación que tenía como detonante de causas un pasado en mi vida que ninguno de ellos podía siquiera adivinar. La enfermera me miró aún un poco confundida sin ser capaz de disimular su estupor, entonces se disculpó en voz baja y salió del cubículo por la pena que le sobrevino después de haber cometido aquella indiscreción.
Yo no sabía cómo sentirme al respecto, definitivamente era una noticia que no espera y que ponía de cabeza cualquier situación considerable en mi vida. Mis planes no contemplaban una situación así, sencillamente no estaba dentro de mis posibilidades considerar la maternidad como una alternativa para mi futuro inmediato.
―Queda claro por los resultados de sus exámenes que la alimentación que está llevando no es la adecuada para una mujer en su estado―la doctora se mostraba consternada también por el giro dramático de la situación, pues ella sabía que el chico que había llegado cargándome en sus brazos a la sala de urgencias y que me miraba con cara de amor no era mi pareja, por lo que debía existir una explicación que escapaba de su conocimiento―… todos sus valores están preocupantemente bajos o altos, pero no dentro de los límites en los que deberían estar en realidad.
―Lo siento doctora… es que―la duda me gobernaba y las palabras rehuían de mi boca. Me sentía bastante ahogada en mis dudas y preocupaciones como para comenzar también a preocuparme por mi vida―… es que yo no debería estar embarazada… esto no puede estar pasando.
―Entiendo ―sentenció la doctora pasando a mostrar un gesto de pesar y preocupación. Ella había estado ocupada hasta entonces chequeando el contenido de la bolsa de suero que pendía de un paral de metal, pero en ese momento se dio la vuelta para quedar completamente de frente a mí, para mirarme con ojos de sabiduría y un gesto de comprensión―. No es la primera vez que atendemos a una joven que llega aquí sin saber sobre la vida que lleva en su vientre, por eso puedo tener una idea de cómo se siente… muchas de las jóvenes deciden sencillamente no querer saber más del asunto y se practican un…
― ¡Imposible! ―exclamé alarmada y llenándome de un estupor insoportable y doloroso. Yo no tenía idea de la existencia de mi condición hasta hacían apenas unos pocos minutos antes de eso; sin embargo, en ese momento no podio ni siquiera considerar la posibilidad de algo como aquello que ni me atreví a permitir que la doctora pronunciara. Era una idea que me resultaba aberrante y desoladora, no tanto por lo que implicaba a nivel general, sino porque dentro de todo mi dolor, confusión y desasosiego, esa noticia había llegado para confrontarme con la verdad de una situación capaz de retarme más allá de mis posibilidades y de ponerme ante una situación respecto a mis memorias dolorosas como no lo había podido imaginar―… no pienso interrumpir el embarazo.
La doctora me escuchó y sonrió de manera bastante evidente. Se notaba que ella estaba a favor de la preservación de la vida y no se preocupó por hacérmelo saber de inmediato.
―No te imaginas cuanto me alegra escucharte decir eso ―las palabras de la doctora fueron un bálsamo para mí, de alguna manera me llenaba el saber que alguien podía apoyar esa decisión de mi parte. Aún me faltaba prepararme para afrontar la opinión de David o de Ana cuando decidiera contarles aquello, y ni qué decir del pobre Ethan, que se notaba aún esperanzado con poder cortejarme.
―Es algo que no esperaba… pero no sé, creo que me siento embarazada de verdad ―no sabía ni siquiera lo que quería decir con aquello, pero me sentí bastante satisfecha al decirlo, por lo que me permití incluso una leve sonrisa de complacencia al decir aquello.
―Bueno, en ese caso debes empezar a vivir como una embarazada, entonces ―sentenció la doctora colocando su mano sobre mi hombro y mirándome con ojos de satisfacción. Ella podía intuir que mi situación no era fácil; sin embargo, sabía que la vida siempre debía ser abrazada con amor.
― ¿A qué se refiere doctora? ―le pregunté confundida.
―Por lo pronto debes comenzar todo tu proceso de control de salud y alimentación…. Pero creo que antes que todo eso te conviene primeramente atender el asunto con tu amigo.
La doctora hizo un gesto con su rostro para señalar más allá de la cortina que cerraba el cubículo, donde debía estar Ethan sufriendo por el cambio brusco en sus planes.