"No pasa nada", dijo, ofreciéndome la mano para quitármelo. Mantuvo la vista en alto, lo que me ayudó a saber que no se trataba de una trampa ni una broma pesada. Le di mi toalla y la colgó en el gancho de nuestro cubículo. Luego empezó a desabrochar la suya, sin pretensiones ni seducción. La colgó en otro gancho. Me concentré en sus ojos, queriendo comprender mejor sus intenciones. Estaba desnuda. Conmigo. Sola. Arqueó la comisura de los labios, una expresión tenue que de alguna manera irradiaba tanta calidez y amabilidad. Me dio el coraje para seguir representando esta escena íntima. Me giré y me encaré con la ducha, accioné las palancas y un torrente de agua helada me golpeó el pecho, haciéndome temblar. Había puesto la temperatura en caliente, pero pensé que tardaría un poco en ajus

