Quiero gritarle. Quiero golpearla, insultarla, matarla. Siento que la advertencia de mi padre se intensifica un poco y entiendo que debo guardar silencio, pero por dentro siento que mis emociones hierven. ¡No puedo creer que esta lunática tenga el descaro de amenazar a mi padre así! ¡No puedo creer que esté tan desquiciada como para ser tan ridículamente egoísta! «Imagínate la vergüenza, Charleston... también para Shayenne», dice, y su mirada finalmente se posa en mi rostro. «Imagínate ser la hija de un padre deshonrado y estar a punto de empezar su primer año de universidad... jamás sobreviviría al estigma, a los chismes, a las crueldades de sus compañeros. La universidad incluso podría retirarle la beca, porque ¿quién querría estar asociado con la hija de un policía corrupto? ¿Y entonce

