Derrepente, ella lo detiene con sus manos, un gesto rápido, casi reflejo, y se miran a los ojos seriamente. Susana reflexiona en lo que van a hacer, en que este es su hijo, el niño al que ella misma crió, pero también es el único que ha mostrado un amor incondicional, lo único que le queda en esta vida después de que Ramon la desmenuzara y escupiera. No tiene a nadie más, no tiene familia, él es su única familia. La angustia la golpea, el pánico a que él la odie por esta negativa, el terror a que se vaya y la deje sola en este mausoleo de un hogar. Pero ella necesita estar segura, necesita una ancla que la sujete para no sentirse culpable, para no ahogarse en lo que están a punto de hacer. Con la voz trémula, casi inaudible, formula la pregunta que sellará su destino. -¿Y después, David?

