El contrato 6

1359 Words

Esa noche, el sillón de terciopelo se sentía como un trono de humillación y un lecho de secretos. La televisión proyectaba lujas de colores y voces que no significaban nada, un ruido de fondo para la verdadera película, la que se desarrollaba en penumbra, en el espacio entre su cuerpo y el de su hijo. David no dijo nada, simplemente tomó su mano, una costumbre ya, un gesto de propiedad. Susana, como una autómata bien entrenada, comenzó su tarea, el vaivén de su muñeca un compás familiar, una música macabra para su vida nueva. Mientras su mano subía y bajaba por esa carne tibia y demandante, su mente divagaba, buscando una salida en el laberinto de su propia sumisión. "No tengo salida", pensó, y el pensamiento no fue de angustia, sino de una extraña y pesada paz. Había perdido la fuerza par

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