El pecado 13

1057 Words

Su simiente, espesa y cálida, me colmaba hasta el desbordamiento. Después, sentía el rastro de su paso secarse entre mis muslos como una costra de pecado, un recordatorio físico de que ya no era la misma mujer que había llegado a esta ciudad anodina meses atrás. Había tenido que renunciar incluso a la seda de mis tangas, pues en nuestros primeros encuentros su urgencia las rompía entre sus manos; un sacrificio textil ante la fuerza devastadora de un hombre que no admitía barreras entre mi piel y su deseo Laura vino esa tarde a visitarme. Preparé café y serví vino mientras nos sentábamos en las sillas de mimbre gastado, viendo cómo el sol se hundía como una moneda de oro fundido, tiñendo el Mississippi de sangre y fuego. —Algo le pasa a Lucas, Amanda —dijo con voz quebrada, su mano tembla

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