El contrato 18

1667 Words

Sí, lo sabía. Lo sabía con cada célula de su cuerpo. Pero su orgullo, ese pequeño insecto zumbador que todavía sobrevivía en algún rincón de su alma, la obligaba a seguir protestando. -¡Basta! -dijo, dando una patada al aire, que dio en el vacío-. Eres un animal. -Y tú eres mi zoo, mi hábitat natural, mi reserva particular -dijo él, y con una mano firme -. Y voy a explorar cada rincón de mi propiedad. -Ella lucha, pero ya es una rendida en su interior, su cuerpo ya se entrega Susana sintió el aire fresco de la cocina en sus nalgas, una caricia involuntaria que la hizo estremecer. Su lucha se debilitó, sus movimientos se volvieron más lentos, más teatrales. Ya no intentaba escapar, solo escenificaba su captura. Su cuerpo, traicionador y sabio, ya se entregaba, se humedecía en preparació

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