Movió la boca como un molinillo, creando un vacío que lo hizo gemir. Atrapó el glande suavemente con sus dientes, una presión justo en el límite entre el placer y el dolor, mientras su lengua bailaba a su alrededor. Salivaba abundantemente, su propia lubricación mezclándose con el agua de la ducha, creando una escena húmeda y sucia. David no pudo resistir. Con un rugido, se corrió en su boca. Susana sintió el primer chorro de semen caliente golpeando su paladar. Lo tragó con gusto, como una golosa saboreando su postre. Era el relleno de su churro, la crema que ella misma había provocado. Se lo tragó todo, sin dejar escapar una sola gota, lamiéndolo limpia después, como una gata satisfecha. -Eres... increíble -logró decir David, apoyándose en la pared de la ducha, con las piernas tembland

