El contrato 28

2024 Words

El día siguiente encontró a madre e hijo dormidos a las diez de la mañana. La luz del sol, intrusa y brutal, se colaba por persianas que nadie se molestó en cerrar. Susana abrió un ojo, luego el otro. Una catedral de dolor le había sido erigida dentro de su cráneo. Resaca. Una resaca de vino tinto y semen. Se movió con la delicadeza de un relojero borracho, intentando no despertar al león dormido a su lado. Pero su hijo ya estaba despierto, observándola con esos ojos suyos que no necesitaban café para encenderse. -Buenos días, mi amor -murmuró él, su voz grave y pastosa. Susana se estiró, sintiendo cada músculo, cada hueso. -¿Quieres un café? -preguntó, su voz ronca-. Necesito algo que me resucite. Se deslizaron de la cama, dos figuras desnudas y moviéndose con la torpeza de los que han

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