—Te lo advertí —suspiró Rebecca con fingida decepción—. Los jóvenes de hoy en día —dijo, encogiéndose de hombros con resignación, mirando a John, y meneando la cabeza con desaprobación. John no pudo evitar reírse ante el comentario de su hija mientras Janie gemía y gemía en el fondo, su lindo coño rosado se contraía y pulsaba desesperadamente mientras un hilo de sus jugos la dejaba para unirse a la creciente mancha húmeda en la toalla en la que estaba sentada. ***** Rebecca volvió a abrochar el cinturón alrededor de la esbelta cintura de Janie y lo cerró antes de quitarle la mordaza y desesposarle las manos. La chica aún tardó un poco en ponerse de pie. "¡Dios mío!", suspiró con voz ronca al ponerse finalmente de pie, con una mano apoyada en el respaldo del sofá y las rodillas tembland

