La cuarentena nos atrapó juntos. Mis pensamientos se centraban cada vez más en Shannon. En mi hija. No solo la frotaba contra sí, sino que la besaba. Le chupaba las tetas. Le comía su coño joven. Me metía en su estrecho coño. Volver a sentir un chocho alrededor de mi pene sería increíble. Ya casi llevaba un mes sin follar con una mujer. Mi hija se veía cada vez más madura y jugosa con cada hora que pasaba. La idea de seducirla me rondaba por la cabeza. "Irás a la cárcel", murmuré, mirándola boca abajo en el sofá viendo la tele, con las piernas en alto y los dedos de los pies flexionados. Deditos que podría chupar. "Una cárcel de verdad, James. Para ya". Salivé por ella. La deseé. Una semana después de la tormenta, dormía cuando el estruendo de un rayo me despertó. Mi pene se puso duro

