La abrazo con fuerza. "Gracias, Kenz", le digo con una sonrisa mientras la veo desaparecer en su casa, y luego me apresuro a subir al asiento delantero junto a mi papá. Me abrocho el cinturón de seguridad y, de repente, me quedo sin aliento y sonrío cuando papá me toma de la mano; por primera vez en días, me siento como su mujer, como su igual y no solo como su hija. "¿Adónde vamos a almorzar?", le pregunto mientras aprieto mis dedos entrelazados con los suyos y suspiro satisfecha. Papá sonríe, y sus hoyuelos se marcan, demostrando que es una sonrisa genuinamente feliz. "Creo que quiero llevarte a un lugar especial...", responde tras unos instantes de observar mi rostro. Luego, mira al frente y, con nuestras manos entrelazadas, pone el coche en marcha. Se lleva nuestras manos a la boca y

