Maldita sea, y yo que pensaba que quería que le comiera el coño. Aun así, no dudé en rodear con mis labios dos de sus dedos. Apreté la mandíbula al sentir el sabor en mi boca. Joder, no podía creer que estuviera saboreando los fluidos del coño de mi hija. Esto estaba muy lejos de lo que esperaba. "Mierda", susurré. —¿Está bueno? —preguntó ella. "Mmm." Se sonrojó. "Vale, ahora te toca a ti. Reto." La miré fijamente. "Te reto a que me enseñes tus pechos." Sus ojos se abrieron de par en par. "Eh, vale. ¿Durante cuánto tiempo?" "Durante el tiempo que quieras." "Bueno." Tomó la parte inferior de su top y se lo subió por encima de la cabeza. No llevaba sujetador para ocultar sus pechos redondos y suaves. Sus pezones estaban duros, apuntando hacia mí. Al dejar caer el top sobre la cama,

