Por un instante, su rostro se tornó extraño. —No —respondió, un poco apresurado, para luego intentar recuperar la compostura—. Nada fuera de lo común —mintió, tratando de sonar desdeñoso sin mucho éxito—. Ya sabes... sueños tontos. —Está bien —dijo ella, sin creerlo del todo, pero sin querer presionarlo más. —¿Y tú? —replicó él, intentando cambiar de tema—. ¿Algo picante? —bromeó. —¡No! —exclamó ella, ruborizándose—. Quiero decir que no —balbuceó—, solo, eh… —Buscó algo ingenioso que decir, pero terminó imitándolo—. Ya sabes… sueños tontos. Muy aburridos —añadió, mintiendo descaradamente. —Está bien —dijo él, evidentemente sin creer ni una palabra, pero dejando el asunto. Ella se quedó pensativa un momento, intentando sin éxito que sus mejillas dejaran de sonrojarse, hasta que, por su

